14 de junio de 2010

Tardes de siesta


      "El calor hace que las terrazas se llenen y aumente el consumo de cerveza y refrescos. Según una encuesta realizada..." Escuchaba, somnolienta en el sofá, parlotear al presentador del telediario. Me levanté a tomar un vaso de agua fresca para saciar la sed que me había transmitido a modo de publicidad subliminal. Revisé el frigorífico de arriba abajo, pero no encontré ninguna botella dentro. La cubitera estaba guardada sin agua en el congelador, así que me resigné a tomar el agua del tiempo. Al abrir el grifo, un ruido sordo y a trompicones me indicó que habían cortado el suministro. Decidí abrir la ventana, no es que fuera a saciar mi sed, pero de pronto hacía un calor excesivo y noté que sudaba.

      Abrí una botella de vino tinto, era el único líquido que encontré en la despensa, a parte del aceite de oliva y el vinagre. Engullí media botella de un trago y habría terminado con ella, si no me hubiese interrumpido el sonido del timbre de la puerta.

      Un hombre bajito y con gafas, entró sin miramientos, ni invitación alguna. Me dijo que era de la compañía del agua y que venía por una avería. Le indiqué dónde estaba la cocina y volví a tumbarme en el sofá. A los dos minutos sonó de nuevo el timbre y entró una rubia gritona, con muy mala leche, diciendo que era la vecina de abajo y que tenía una gotera en el techo. Le contesté que era imposible tal cosa, que en mi casa no había ni una gota de agua y que me moría de sed. Agarré la botella de vino y le di otro gran trago, delante de sus atónitos ojos; en ningún momento me calmó la sed, pero me producía una somnolencia muy placentera de la que no me apetecía desprenderme. Dejé al fontanero discutiendo con la rubia a todo volumen y me tumbé de nuevo a dormir.

      Volví a despertarme sudando por los cuatro costados y desorientada. Mi casa estaba ya en silencio y en la mesa había un gran vaso de agua, que bebí con avidez, casi sin respirar. Cuando cogí el mando para cambiar de canal, encontré en la pantalla al fontanero con gafas y a la vecina gritona, que discutían acalorados por no sé qué asunto de un torero y una niña en su cumpleaños.

(Inspirado en la frase de Ártico: "El calor hace que las terrazas se llenen" para El cuentacuentos)