28 de junio de 2010

Entre la vigilia y el sueño



      Algunas veces sólo somos sombras, perfiles de la oscuridad, o bosquejos de un cuadro inacabado buscando un refugio donde escondernos del universo por un instante, para encontrar nuestras reflexiones y pensamientos. Un singular momento en el que nada de lo que nos rodea existe para nosotros, como una especie de paréntesis de nuestra existencia. Algo parecido a un agujero espacio temporal, donde todo lo que hay alredor queda congelado y ajeno, y la única vida que se mueve es la de las sombras sin cuerpo.

      Nos proyectamos a una gravedad vacía donde perdemos el control del tiempo, la distancia y la energía. El silencio y la luz son los mejores aliados, nos permiten mantener el contacto con nuestro juicio y razonamiento. Cuando se rompe la barrera del agujero donde se encuentran nuestras coordenadas espacio temporales, la gravedad tira de nosotros y caemos al vacío sin remedio, el golpe es fuerte y doloroso incluso para una silueta sin cuerpo.

      El retorno al universo se recibe como un despertar, pues se crea la duda entre la vigilia y el sueño. Nuestro cuerpo sigue intacto tras la caída, pero sentimos que nos duele algo por dentro, quizás se nos quedó un brazo dormido y le cuesta volver a la realidad. Y al levantarnos, somos conscientes por primera vez de que la  fuerza de la gravedad no es sólo un valor numérico, sino que realmente nos pega los pies al suelo. El cuerpo también ha recuperado su peso  habitual  y lo percibimos como una cárcel de nuestros pensamientos.