18 de enero de 2011

Dentro de una caja había


Encontré una vieja caja de metal, donde solía guardar las pequeñas cosas que iban sucediendo durante mis carreras por la vida, para así detener el tiempo. Al abrirla, un millón de sensaciones me revolotearon por dentro mientras descubría su contenido. Saqué de ella:

Una cita perfecta y otra olvidada.
La entrada de cine de una película que me perdí, para perderme entre las caricias de unos besos.
Un puñado de sonrisas y el cerco que dejó algún pequeño charco de lágrimas. 
Un sueño escondido detrás de una vieja foto desenfocada, donde la ilusión había permanecido congelada.
Una carta que jamás fue enviada, otra que se gastó de tanto ser leída, y otra que rompí y después pegué con el pegamento de la esperanza.
Una pulsera de colores partida por el desgaste de la euforia de muchos momentos. 
Una fecha inolvidable, anotada en el reverso de un sobre amarillento, junto con un número de teléfono que mil veces marqué.
Un lazo para el pelo con el olor de la añoranza.
Dos billetes de tren con destino a la ciudad de los recuerdos, uno de ida y otro de vuelta.