16 de septiembre de 2011

Cuando yo jugaba...

      El otro día, el primer día de clase de mis hijos, al recogerlos del colegio les pregunté qué tal había sido el día, si les había gustado su nueva clase, qué habían hecho… El mayor (7 años) estaba enfadado porque ahora, en el recreo, ya no están en la zona infantil, sino que les llevan a uno de los campos de baloncesto. El caso es que decía que se había aburrido un montón, que sin columpios no tenían a qué jugar. En ese momento me transporté a cuando tenía su edad. En mi colegio nunca hubo columpios en el recreo. Es más, hasta cuarto de E.G.B, el recreo era un rectángulo con un tamaño inferior al de ellos, para los cuatro cursos (ocho o diez aulas en total, si no recuerdo mal, a partir de quinto íbamos a otro edificio distinto) y cuyo pavimento estaba compuesto por piedrecitas tamaño alubia, aunque algunas eran tamaño judión de La Granja. Como si el patio fuera una piscina de bolas pero en versión piedras, porque podías hundir el pie hasta el tobillo si querías. Aún puedo recordar, como si fuera hoy, el sonido de nuestras pisadas crujiendo entre el  griterío. Y jugábamos a todo lo que se jugaba entonces: a la goma, a correr y pillarnos, a los juegos de palmear con el de enfrente cantando, a lanzarnos puñados de piedras si nos descuidábamos, algunos a introducirse alguna piedra en las fosas nasales, imagino que para experimentar lo que se siente al tener un moco gigante... Lo primero que hacíamos era pegarnos a las verjas a ver si, por suerte, pasaban las madres con alguna chuchería. Y la verdad es que no necesitábamos nada más, teníamos ese pequeño espacio, estábamos apelotonados, y nos lo pasábamos en grande.

      Ahora, después de una semana, le ha cogido el tranquillo al recreo, porque dice que juegan a «Pokemon». Yo a su edad aún no jugaba a nada de la tele, imagino que jugar a barrio sésamo no era tan espectacular como lanzar una “ultraball” o un “hiperrayo”  devastador. Pero sí que recuerdo haber jugado en la calle, un pelín más mayor, a «V», (tecnología alienígena puntera, aún recuerdo las colecciones de pegatinas de la Teleindiscreta, si no recuerdo mal) a «Verano azul» (que ahora no le pillo el punto,  me pregunto cómo leches se jugaba a Verano azul; creo que aquí lo que molaba era pedirte ser Bea , a ver si con un poco de suerte el niño que te gustaba  elegía ser Javi o Pancho… otro sentido no le veo a este juego si no) Y, cómo no, ¡El juego de las actuaciones!, por Dios, esas representaciones musicales, aprendiéndonos las canciones de Rafaela Carrá y compañía, las demás amigas sentadas enfrente, como espectadoras, esperando su turno... Por favor, decidme que alguna de mi época habéis jugado a este juego con la canción de «Estalla la tormenta», que no sé ni quién la cantaba, ni si ese era su título real, pero es que si te la pedías habías triunfado ese día en el juego, de la emoción, te desgañitabas dándolo todo en la pista (no entiendo cómo yo tenía narices a cantar, si aquello debía de ser una vergüenza ajena escucharme…) Y esas letras… por favor, si yo ahora cuando veo  a las niñas cantando coplas en los programas de pequeños artistas, poniendo tanta garra y sentimiento a esa canción de amor no correspondido, esas “minipantojas” llorando a moco tendido en escena, que me pregunto si entenderán algo de lo que están cantando porque no me cabe en la cabeza que lo procesen realmente, a su edad… Me daría menos grima escuchar a Leticia Sabater cantando “Susanita tiene un ratón”… bueno no, lo retiro, esto sería más heavy aún.

      Y me sorprende ver todavía muchos juegos de entonces, aunque más evolucionados. Las peonzas, por ejemplo. Me encantaban las peonzas de madera, tunearlas con rotuladores, ponerle a la cuerda una chapa aplastada con un agujero en medio para evitar que se escapara… El año pasado mis hijos tuvieron de las de ahora, pero aquello no eran peonzas, eran como platillos voladores con forma de peonza. Para empezar ya vienen tuneadas de serie y también bautizadas. Las de ellos se llamaban: una Spider y la otra Cobra, ambas de plástico color fosforito y transparente, con el dibujo haciendo honor a su nombre y ¡sorprendente! la cuerda viene dentro de la peonza, se saca del culo mediante una tapa y para que no se te escape la cuerda al lanzarla, ya no es necesaria la chapa, viene una especie de estrella de plástico… una mierda, vamos. Y no, ya no sé lanzarla, al igual que ya no sé bailar el Hulahop, lo intenté este verano con uno de mi sobrina y “pa habernos matao” ni dos vueltas duré… Me da miedo intentarlo con la comba y encontrarme con que ya no soy la saltadora que era, que no lo seré ni de coña, porque me estrené el año pasado en casa de unos amigos saltando en un castillo inflable (me quedaba la espinita que de pequeña no los había, o al menos yo no probé ninguno) y ¡la leche! ni cinco minutos duré, ¡qué digo ni cinco! si creo que di diez saltos y ya no pude levantarme.

      O las canicas, recuerdo que ibas al quiosco a comprar canicas a granel y, a veces, me encontraba en el dilema de si comprar chuches o canicas, o mitad de cada. Salía de casa por ejemplo con seis canicas (algunas eran mis preferidas, veteranas con sus propias marcas de guerra) y, o bien volvía con los bolsillos llenos o sin ellas, lo más habitual... Ahora vas a los chinos y te venden una malla llena de canicas, ¿cómo les va a emocionar a los niños perder o ganar canicas? Si por sesenta céntimos ya tienen una bolsa llena...

    Y ahora me doy cuenta que con lo que menos jugaba, era con muñecas... Nunca tuve Barbis ni Nancys. Tuve dos Nenucos, uno negro y otro blanco. Una vez me regalaron una Rosaura gigante, esa que le crecía el pelo tirándole de las coletas (seguro que ahora Supernany diría algo al respecto), y luego le girabas un botón en la espalda y se le encogía de nuevo. A mí me da que le tenía un poco de yuyu a la muñeca... porque no me recuerdo jugando con ella. Lo mismo mi mente cagonetas no me permitía tirarle tranquilamente de las coletas, por si luego ella en la noche me tomaba la revancha, presentándose a jugar conmigo agitando las coletas de forma diabólica. Sí me recuerdo, en cambio, jugando a los pinypones y a las barriguitas... Aunque lo que más me gustaba del mundo eran los recortables.

    Y de las maquinitas no hablo, porque no tuve... pero eso lo mismo da para un post entero si las comparamos con las que se gastan ahora los niños.

14 comentarios:

  1. Han cambiado mucho las cosas, mujer :) Aunque a todos esos juegos he jugado yo también, que además de vivir en ciudad he pasado muchos veranos en el pueblo jugando a las "cocinitas" con lo que hubiese por allí (piedrecitas, arena, hojas, flores...), al fútbol con los chicos, al pilla pilla, al mate, la comba, etc.

    Un beso^^

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  2. Yo a ti no te veo jugando a "V", te veo más jugando a Buffy, caza vampiros, Xena o Hércules (lo estoy calculando por tu edad :P) Y apuesto a que te marcabas las coreografías de Lady Beckam, o lo que es lo mismo, las "Spicegirl", porque no te veo yo a ti a lo pantojil tampoco... jajajajaj pero sorpréndeme... después de lo del tuneado de las melenas del otro día... contigo no me atrevo a adivinar.

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  3. No quiero ni pensar que estoy metiendo la pata, porque además tu eres la literata y yo aún no he conseguido pasar una ronda "microjustera", pero me voy a atrever:
    ¿¿¿¡¡¡Jigante!!!??? No es más correcto ambas con G. O lo que es lo mismo: La muñeca Rosaura era Gigante ¿no?

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  4. Jjajjajajjaja lo que me extraña es que el puñetero corrector del word no me haya corregido XD jajajjajjajjaja

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  5. Que recuerdos Sara...yo era más de Caballero del Zodiaco, que me pilló con once-trece años, pero ya sabes que los hombres somos bastante más inmaduros que las mujeres a esa edad y nos encanta seguir jugando cuando vosotras ya estáis pensando en acicalaros para salir...
    Lo cierto es que antes no nos hacía falta nada para jugar. Yo tuve la suerte de criarme en un barrio cerrado al tráfico, con un césped enorme donde jugábamos al beisbol (al principio con un palo de madera, los Reyes me echaron un palo de beisbol y fuí el amo del barrio unos meses jajaja), pero mi juego favorito siempre fue el escondite, porque había multitud de sitios para esconderse, entre ellos muchos árboles.
    Esta a muuchos post eh?
    Abrazos mil

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  6. Uff Yandros, tienes razón. Creo que algún capítulo que otro vi, de Los caballeros del zodiaco, pero creo que jugar a ellos... nada de nada.
    También tuve una época de jugar al beisbol, me encantaba, jugaba con la pandilla de mi hermano en el campo de fútbol del colegio, con palo y pelota de tenis también, no te creas que íbamos a tener nosotros bate ni guante jajajjaja. Ha sido el único deporte de equipo que me ha llamado la atención, o más bién que no era una manta, porque fútbol, baloncesto, boley... una petarda total.

    Por cierto, ya estoy líada con El fin de la eternidad, ya te contaré ;)

    Un abrazo!

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  7. Saaaaaaaaaraaaaaaaaaa ¡¡¡qué momentos!!! estoy flipando en colores: la canción la cantaba YURI jajajajja y esa era la primera frase de la canción (sí, yo también me la sabía enterita jajjja) creo que el título era Ese amor no se toca XDDDD
    Yo de la tele jugaba a Comando G con los delantales puestos de capa XDD se conoce que lo femenino me vino después jaajajajja Y la Rosaura siempre me dio grima así que nunca salí del nenuco xp
    Ains, ahora los niños no saben jugar a nada que no vaya enchufado por eso nuestra generación va sobrada de imaginación XDDD

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  8. ¡¡La leche, Angelical!! Tú y yo nos lo habríamos pasado en grande jugando juntas si nos hubieramos conocido en esa época jajajajajjaa... Yo también me volví más femenina con la adolescencia jajajjajaja aunque me encantaban las bailarinas con lazos y los vestidos, era más femenina en la ropa que en los juegos.

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  9. Yo he sido y sigo siendo de vaqueros jajajjaja pero lo que más me gustaba de las recortables (yo las llamaba mariquititas)era hacerles vestidos, se conoce que la vena creativa sí que la he tenido siempre.
    En los tiempos de elecciones cogiamos la propaganda electoral de los buzones y ¡¡¡jugábamos a las secretaris!!! un boli, el tocho de papeletas y un adoquín que hacía de máquina de escribir jajajajjajajaj la de horas que echábamos jajajjaajja

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  10. Yo es que vaqueros empecé a llevar muy tarde... en quinto o sexto... cuando éramos muy peques no llevábamos (o al menos yo) A mí también me encantaba lo de hacerles vestidos a los recortables, y recuerdo una vez que me trajeron para reyes una rueda de la moda (bueno una parecida) la del carboncillo con muñecas tipo modelo que luego se coloreaban y recortaban... lo que me gustó aquel invento XD... Ahora las niñas las visten en la Nintendo DS

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  11. Entre mis juegos favoritos estaban el escondite (o algo parecido), hacer puzzles 3D y cómo no... los Playmobil! Una pasión que le salió un poco cara a mis padres, jaja

    Qué recuerdos... Por cierto, te veo muy puesta en tecnicismos Pokemon, eh? jaja

    Un beso!

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  12. Qué te voy a contar, si tengo dos Pokemon de carne y hueso en casa!!!

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  13. Montse Augé24/9/11

    Me has hecho retroceder en el tiempo (un montón).Yo jugaba muchísimo en la calle. Pero es que apenas pasaban coches. Todavía recuerdo la calle sin asfaltar... Imagínate que un día, con la cena todavía en la boca, bajé a la calle a jugar y me dio un corte de digestión.Me tuvieron que llevar corriendo a urgencias.¡Qué recuerdos! Pero es que ahora todo ha cambiado tanto. Lo que sí es cierto es que nosotros usábamos mucho más la imaginación para jugar, ahora hay poco margen para imaginar, no es culpa de ellos tampoco, no sé si es culpa de alguien o si es necesario buscar culpables. Es el avance imparable de este mundo, a veces podría aminorar la velocidad, ¿no?

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  14. Yo nunca he tenido un corte de digestión, como no me dejaban bañarme hasta que pasaban dos o tres horas de haber comido :P

    Yo creo que ahora tienen la misma imaginación que entonces, lo que pasa es que en vez de emplearla en inventarse a qué jugar, que de todo lo que tienen ahora hasta se aburren, usan la imaginación para hacer gamberradas.

    Un abrazo Montse ;)

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