20 de junio de 2018

Mi relación con Wallapop


      Hace unos meses, me mudé de casa. Durante la mudanza, me di cuenta de que tenía muchos trastos, que ya no me hacían falta, y colecciones de libros antiguas que llenaban estanterías que ahora no quiero poner. Nunca he sido coleccionista, tiendo más a ser práctica. El caso es que se me ocurrió abrir una cuenta de Wallapop. ¡Madre mía, madre mía, Wallapop…! ¡¡¡Qué descubrimiento!!! Enseguida me puse a hacer fotos como una posesa de todo lo que se cruzaba en mi camino. Hasta los niños empezaron a sacar trastos de sus habitaciones. Lo peor de todo es que es un círculo vicioso, tú pones tu mercadillo en venta, pero enseguida entras a curiosear lo que venden otros, y el mundo vintage, midcentury… me requetechifla. Así que empezaron a entrar más artículos de los que salían. Hasta el punto de que me puse un control parental para no abrir la aplicación a no ser que recibiera banderillas rojas de notificación con mensajes de posibles compradores.
      Así estoy funcionando ahora. Solo me relaciono con compradores. Aunque reconozco que ahora tengo una especie de relación de amor odio con la aplicación. Bueno, más que con la aplicación, con los compradores… Aquí, entre nosotros: algunos son muy rarunos. Está el que a las cuatro de la mañana cotillea tus artículos y pincha sobre uno, porque imagino que le habrá gustado. Digo que imagino porque lo normal, o al menos lo que yo hago cuando me interesa un producto, es decir por ejemplo: «Buenos días, o tardes o noches, estoy interesada en este artículo, ¿podría ir a verlo?», o «¿El precio es negociable?». Cosas de ese estilo, interesándome por el producto en sí. Pero el comprador al que me refiero (y han sido varios) es el que a las cuatro de la madrugada te deja un simple «Hola». ¿Hola? ¿Cómo que hola? ¿Qué cojones espera que le responda a ese «hola»? ¿Viene de juerga nocturna y ha confundido el Tinder con el Wallapop? Normalmente no contesto a esos holas. Me producen desconfianza o pereza, no sé. Si le interesa el producto que se centre un poco.
      Luego está el caso contrario. El que te bombardea a preguntas sobre el artículo, te pone en varias situaciones distintas de si se lleva tanto podría descontarle cuánto o lo otro de más allá, y cuando ya estás hasta las narices, que te dan ganas de regalárselo todo para que se calle de una puñetera vez, o decirle que has cambiado de opinión y ya no está a la venta porque te da hasta pereza cruzártelo en persona… va y te dice que va a mirar cuándo se podría pasar a buscarlo. Jamás vuelves a saber de él. ¿Por qué lo hacen? He llegado a pensar que son compradores psicológicos. Que les satisface haber hecho el negocio, haberse salido con la suya en el regateo, y luego, para qué van a llevarse el producto, si ya se han quedado satisfechos con la compra imaginaria.
      El otro día me topé con una que quería la jaula de mi hámster. A mí me costó unos cincuenta euros y la puse por la mitad. La verdad es que estaba nueva, el pobre bichillo me duró muy poco. Me dice: ¿Me la podrías dejar en 10€? Le dije que no, que me había costado cinco veces más y estaba nueva. Me dice que si por veinte, y ahí le dije que sí. Muy rápido. Enseguida. Creo que ahí fue donde cometí el fallo. «Te doy diez y me la llevo ahora mismo», respondió. ¿Pero qué clase de regateo es ese? Ni me molesté en contestar. Se la llevó otro al día siguiente, y le pareció un chollo. Se fue encantadísimo.
      Otra cosa que me toca las narices es cuando me preguntan el precio de algo. ¿Pues no ves que está ahí puesto, pegadito a la foto? Qué ganas de molestar para nada... O la que me dijo un día sobre unos mandos de la Wii de edición especial: «Déjamelos todos por diez, que tienes muchos…» ¡Tócate los huevos! Eso voy a decirle el próximo día al frutero de abajo: «Déjame el kilo de brevas a un euro, que tienes muchas».

      Así que ahora, cuando se me encienden las banderillas de notificaciones en el teléfono, mi reacción es «A ver con qué chorrada me encuentro ahora». ¡Qué pereza Wallapop!
      ¿Y vosotros? ¿Tenéis cuenta Wallapop? Seguro que tenéis un montón de anécdotas que contar. La gilipollez humana es infinita.


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