12 de junio de 2017

Diario de una escritora indie. Capítulo 4: Planificación y esquema



     Antes de escribir una novela, es importante seguir unos pasos para no encontrarnos a la mitad de ella con personajes que han cambiado en su descripción física o en detalles de su pasado o acciones previas, así como incongruencias en la línea temporal o desarrollo de la trama. Como ya comenté en el capítulo 1, en mi primera novela no realicé ninguna estructura y aún hoy no doy crédito de cómo fui capaz de sacarla adelante. Sí que es cierto que luego me tocó, en la revisión, hacer un montón de cambios y corta-pegas porque bailaban algunos pasajes. Pero aun así, tuvo que estar de mi lado la suerte del principiante.

     Hoy por hoy, cuando me ronda una historia, trato de ser más metódica en la planificación. Después, durante la narración, ya habrá suficiente tiempo para la improvisación y darles manga ancha a los personajes; pero al principio es importante tener claro un esquema previo. Para mí, no es obligatorio cumplirlo al dedillo, de hecho no siempre lo consigo. Sin embargo es muy útil para utilizarlo de guía.

      Pasos que sigo nada más abrir la carpeta de Nueva novela:

  • Primero:
Esbozo un resumen con la idea y el planteamiento de la novela: todo lo que se me ocurra, incluidas frases y momentos o situaciones que ya tenga en mi mente.

  • Segundo:
Busco nombre a mis personajes principales y abro una ficha para cada uno, detallando todo sobre ellos. (De los personajes hablaré en el próximo capítulo, así que no me voy a extender aquí con la ficha de personajes. Lo considero de lo más importante).

  • Tercero:
En el primer punto ya habré situado la novela en un lugar y un tiempo. Si no es así, lo localizaré aquí. Si ya lo tengo, investigaré sobre ese escenario donde van a convivir mis personajes y buscaré fotos, vídeos, planos de localización, etc.

  • Cuarto:
Ya tengo a los personajes definidos, una pequeña trama y dónde transcurrirá la historia. Ahora me falta esbozar cómo transcurrirán sus vidas a lo largo de ese tiempo que quiero contar. El esquema empieza aquí. Suelo trazar una línea de tiempo, que después desarrollo punto por punto para ver cómo encaja. En ¿Y si no es casualidad?, por ejemplo, me vino muy bien para organizar la correspondencia entre los personajes y diferenciar las distintas etapas. En A destiempo fue clave para seguir paralelamente las dos historias, de la madre y la hija, entrelazadas en un mismo libro. Y en ¿Es tu última palabra? fue imprescindible para poder alternar correctamente el presente con el pasado. Teniendo en cuenta, además, que cada personaje habla en primera persona contando su versión de los hechos, en su respectivo capítulo.

  • Quinto: 
Decido el punto de vista y el tiempo narrativo. Es un paso complicado y de él depende, en gran medida, la profundidad que adquirirá la novela. Vuelvo a remitirme a los libros que he escrito, que es donde he tenido que tomar dicha decisión y así me sirve para explicaros los porqués. 
Tiempo narrativo. Me gusta más el pasado. No puedo explicar exactamente por qué, quizás es simplemente que me siento más cómoda. Aunque para ser del todo sincera, a la hora de leer también me ocurre. Cuando encuentro un libro escrito en presente me cuesta un tiempo adaptarme, me distrae un poco esa inmediatez del personaje descubriendo al mismo tiempo que el lector lo que va sucediendo. La narración en pasado me resulta más evocadora y, tal vez, profunda. Todos mis libros están escritos en pasado, excepto el último. Lo decidí así en este caso porque al alternase, en los distintos capítulos, la época en que los protagonistas se conocen con la actualidad, me encajaba más que estos últimos fueran en presente y sus recuerdos en pasado.
Punto de vista. He ido variando según la novela. En Treinta postales de distancia, por ejemplo, decidí un narrador omnisciente, dado que me permitía mostrarle al lector más información de ambos protagonistas en sus encuentros de ascensor, que en primera persona se habrían perdido. En ¿Y si no es casualidad? utilicé varios puntos de vista narrativos: la primera persona en los capítulos que narra la protagonista, la segunda en las cartas que se intercambian y la tercera para el resto. Esto me lo pidió la propia estructura. Fue donde descubrí lo importante que es el punto cuatro. Sin ese tipo de narración, no habría podido dar lugar al desenlace en el último capítulo, ya que el lector solo tenía la información que poseía la protagonista (y hasta aquí puedo leer porque, si no, destripo). En A destiempo empecé escribiendo en tercera persona y, cuando llevaba casi la mitad del libro, descubrí que algo cojeaba en la historia. Le di mil vueltas y no entendía qué. Se me ocurrió pasar todo lo escrito a primera persona y, ¡voilà!, encajó como un guante. Así que en el último ni me lo planteé, decidí que cada personaje debía contar su propia historia. No es que de pronto crea que la primera persona es mejor que la tercera, cada una tiene ventajas e inconvenientes. Lo que sí creo es que cada novela tiene sus propias necesidades, y hay que sopesarlas. La primera persona aporta fuerza y profundidad al protagonista, pero se pierde bastante del resto de personajes que lo acompañan, y se terminan echando de menos sensaciones en las respuestas del otro. La tercera persona nos ofrece muchísima más información, sin embargo disminuye esa proximidad tan directa con el personaje. 
Hay que tener mucho cuidado de no errar, si hemos elegido primera persona, sacando a la luz información que sea imposible que el personaje disponga de ella. Y lo mismo ocurre si usamos tercera persona, no caer en la tentación de narrar de la misma forma que se expresa el protagonista cuando habla en sus diálogos, ya que no se trata del mismo individuo.

  • Sexto: 
En qué punto comenzar la historia. Es algo que puede resultar de gran ayuda y quizás es al que menos atención le presto, teniendo en cuenta que es lo que hará que un lector continúe leyendo o no la novela. Siempre me la juego aquí. Soy consciente de que metiendo un golpe de efecto al principio, que deje al lector intrigado, se gana gran parte de la batalla. Pero ni con esas lo hago. Y mira que me gusta meter giros, pero suelo hacerlo en el transcurso, me cuesta comenzar con anzuelos. Lo cierto es que en la mayoría de mis libros suelo comenzar, simplemente, presentando a los personajes. Ya no sé si es costumbre o pura cabezonería.


      Pues aquí creo que está todo lo que hago en cuestión de planificación. Una vez he completado estos seis puntos, ya doy por zanjado el esquema y solo tengo que conservar los apuntes a mano para consultar e ir tirando de ellos.


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