16 de octubre de 2010

Senderos de papel (Cap. VII)



Palabras que se queman dentro



      Adela siempre había procurado mirar a Israel con los ojos de la amistad, se había convencido de que él no era su perfil ideal, como si aquella norma que le había impuesto a su cabeza pudiera ser aceptada por su corazón sin más; ignorando que los sentimientos no entienden de perfiles, ni de reglas, ni de intención. Estaba acostumbrada a compartir su vida con él, cualquier mínima inquietud que tenía era un buen motivo para llamarle y pasar un buen rato al teléfono, o bien para quedar para tomar algo y pasear las calles de la ciudad. No había un rincón del casco antiguo madrileño, que no tuviese una instantánea, como testigo, de sus encuentros. Sin embargo Israel no actuaba de la misma forma, él guardaba celosamente su intimidad, nunca hablaba de su familia, ni de su vida de antes de conocerse, y esto hacía que siempre quedase entre ellos una pequeña distancia, una muesca en aquella burbuja de cristal que habían construido.

      El día que se despidieron en el aeropuerto, Adela tenía una sensación muy extraña, parecía que de repente había perdido toda la complicidad con él. Se sentía incómoda a su lado y, a la vez, no quería despegarse de él. Era como si al aire que transitaba a su alrededor se le hubiese terminado el oxígeno y ello le dificultara respirar; y entonces necesitase acercarse más a él para robarle parte del suyo.

      Por otro lado, Israel se sentía más tranquilo que nunca, había decidido no arriesgar la amistad que tenían, por un error sentimental. Pensó que la distancia haría que fuese más fácil borrarlo, quería sentirse como ella, libre de las argollas de los sentimientos; y para ello pondría todo su empeño en centrarse en su trabajo. Nunca imaginó que un proyecto no relacionado con la música, le llegaría a entusiasmar como lo estaba haciendo aquel. Quizás se refugió demasiado en el violín, y no supo mirar más allá. Se alegró de que una absurda competición de su orgullo herido, por Adela, le hubiese animado a buscar otro camino que él nunca vio. La música siempre estaría ahí, cuando él fuese a su encuentro. También había conseguido enterrar el hacha de guerra con su padre; Habían pasado de las obligadas llamadas para no perder definitivamente el contacto, a reunirse para comer y compartir opiniones sobre la evolución de su proyecto. Se dejaba aconsejar por la experiencia de su progenitor en su campo, ahora hablaban de igual a igual, y el muro que un día les había separado se había disuelto en un charco de complicidad, que nadaban día a día.

      Llegaron a la zona de embarque. Habían hecho todo el recorrido del taxi y la facturación de las maletas, sin apenas pronunciar palabra, cada uno abstraído en sus pensamientos. Adela notaba cómo las palabras le quemaban en la garganta, pero no lograba expulsarlas, se habían quedado adheridas junto con sus ganas de abrazar a Israel, como había hecho tantas y tantas otras veces, de una forma natural.
      ―Bueno, ya no me puedes acompañar más, a no ser que quieras hacerte pasar por mi equipaje de mano.
      ―No te dejarían pasar el control, demasiado líquido.
      ―No irás a llorar ¿no?
      ―No seas idiota, no me refería a eso. Ni que te fueras a ir para siempre.
      ―Ya me echarás de menos… Seguro que en cuanto me dé la vuelta, estás llorando como una niña pequeña.
      ―Pues no, listo, no pienso derramar ni una sola lágrima, no soy tan llorica como crees.

      Israel se despidió con un cariñoso abrazo que ella recibió como si hubiera sido el primero que le daba, le hubiera gustado detener el tiempo en aquel instante, pero duró sólo algunos segundos, o al menos a ella le pareció así. Cuando le vio alejarse, se dio cuenta de lo tonta que había sido por no haber sabido disfrutar de todos aquellos que ya le había dado, que habían sido infinitos.

6 comentarios:

  1. La despedida me encantó y me sorprendió mucho este recuerso: "un charco de complicidad, que nadaban día a día". Enhorabuena por dar cada vez más vida a estos personajes.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Daniel, te gustará saber que ya está terminado el relato, faltan sólo tres capítulos por publicar.

    ResponderEliminar
  3. Sólo tres?
    Dime que Adela se va a Londrés en busca de Israel!

    ResponderEliminar
  4. Sssssshhhhhhhhhh Serás impaciente???? Jajajaja estoy por publicarlos ya, no me vayas a destripar la historia...

    ResponderEliminar
  5. Lo siento, sólo es lo que a mi me haría ilusión. Pero bueno, si quieres que la destripe yo te meto a un asesino en serie de estos que tanto me gustan.

    ResponderEliminar
  6. Deja, deja, lo que les faltaba a estos dos jajaja un asesino en serie!! Esta historia es un poco moñas para eso...
    He visto que has terminado la tuya, a ver si te animas con otra!!

    ResponderEliminar