20 de febrero de 2010

Tres horas sin luz...


      Parece pan comido ¿verdad? Pues he comprobado que hoy en día no es nada fácil pasar tres horas sin luz.

      Málaga, julio de 2009, 21.30h. Niños viendo dibujos en no sé qué canal del tdt, se va la luz. Me levanto miro el cuadro de automáticos y todo en orden. Sale la vecina a la terraza y da el parte a su familia (y a cualquiera que en ese momento estuviera asomado a la terraza) ¡¡ No ha sido aquí, ha sido en todo el barrio, mira, asómate, está todo apagado!!

      Bueno, no pasa nada ya volverá. Pasan 5 minutos a oscuras (lo equivalente a 30 minutos si hubiera luz) y los niños empiezan a protestar y a decir que ponga la tele. Les explico que no hay electricidad. ¡Bueno pues enciende la luz que no veo, mamá!. Busco con la linterna de la pantalla del móvil unas velas (menos mal que estas no han dejado de fabricarse, aunque sólo sean para adorno o perfume) pero no tengo con qué encenderlas. ¡El calentador! Mierda, lo cambié y ahora es eléctrico. ¡La vitrocerámica! Ídem. ¡La vecina!... ¿y si nos quedamos a oscuras? Total hay muchas cosas que se pueden hacer a oscuras ¿no? Pues no. En el siglo XXI se pueden hacer cosas a oscuras, pero cuando no hay niños delante. Bueno en este momento los tenía detrás, porque tenían un poco de miedo y me seguían a todas partes en fila india.

      Ha pasado media hora y el calor es… ufffff, sin aire, sin luz, sin tele, sin ordenador, sin libro, sin cocina, sin horno, con hambre… ¡Mamá, me aburro! ¿Jugamos al veo-veo? El pequeño: No, yo quiero peli. No se puede no hay luz. ¿Y por qué? Porque se ha roto ¿Y por qué no la arreglan? La estarán arreglando ¿Y por qué no la enciendes?... El pequeño ya ha dado a todos los interruptores de la casa por su cuenta.

      Hago un intercambio de velas con la vecina y de paso me entero de lo que hubieran cenado, de lo que podrían cenar, de lo que van a cenar… entro en casa y al calor y luz de las velas, sigo oyendo a la vecina por la terraza con su retahíla de ingredientes y víveres para pasar la noche.

      Se abre la puerta, es mi marido que ha subido cinco plantas a pie porque no funciona el ascensor. Le pongo al tanto de la situación y decidimos esperar un poco más para cenar, ya que traía pizzas congeladas para cenar y un DVD… en fin.

      Han pasado dos horas, los niños fritos a la luz de las velas aunque fresquitos por un improvisado abanico.

      Decidimos cenar, ya que no nos quedan esperanzas de que la luz vuelva esa noche y las velas se están consumiendo. Nos copiamos de la vecina y sacamos latas y víveres de la despensa. Pensándolo bien, eso fue lo mejor de toda la noche, la cena era una mierda, pero ¡Cuanto tiempo hacía que no cenaba a la luz de las velas!…

      Doce de la noche, nos vamos a dormir. ¿Alguien se ha quitado alguna vez las lentillas a la luz de las velas? Todavía no entiendo cómo fui capaz de meter cada una en su compartimento… Por fin, a la cama, mañana será otro día. Nos dormimos.

      Doce y media, nos despertamos con la tele puesta y todas las luces de la casa que el peque había encendido.

MORALEJA: ¡mucha tecnología y mucho adelanto… pero si se va la luz nos dan con un canto!

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