Anclada a una roca
Podía percibir cualquier cosa a través de sus sentidos multiplicada por diez, pero no llegar a comprender ninguna. Llevaba demasiado tiempo anclada a aquella roca, y su traslado a otro lugar iba a ser inminente. Ella no era consciente del destino que tenían pensado para ella, pero sí notó que aquel día era diferente a todos los que había vivido desde que fue esculpida, haría casi cien años. Era una noche tranquila, una brisa suave mecía el mar, y la luna reflejaba coqueta su imagen sobre la superficie. Ella observaba ensimismada aquel espectáculo, era la primera vez que sus ojos recibían aquel centelleo de luces y sombras. Sus oídos, se dejaban embriagar por la música del oleaje precipitándose contra la roca en la que ella, por primera vez, ya no se encontraba anclada. Un olor cálido y fresco a la vez, no entendía la diferencia pero podía percibir los diferentes matices en el aroma, entraba por su nariz y salía por su boca, dejándole un sabor salado en el pa...