Incertidumbre y miedo escénico

Con los libros pasa como con los hijos: no somos nada, pero que NADA, objetivos —y quien diga lo contrario miente—. Para un escritor, cada uno de sus partos es lo mejor que se ha parido hasta el momento, y ¡ay del pobre que le ponga faltas a su criatura!… Aunque ello no significa que no tengamos claro que para el resto del mundo no será así y nos acojonen las críticas. Y con cada libro a la espalda, más intimida el asunto. Es algo normal, somos humanos. A nadie le gusta que vapuleen su trabajo. Y el problema de dedicarse a esto es que lo exponemos a juicio del gran público. Y la mayoría del público de hoy en día no está callado y a su bola. No cierra el libro y lo guarda y a otra cosa. No espera a encontrarse con otro amigo lector para recomendarle, o no, su última lectura. Lo tenemos frente a nuestros ojos, como en un escenario. Antiguamente, el escritor se sometía a las críticas en los medios de comunicación tradicionales. Imagino que si recibía crítica...