El libro hueco

Le miraban por encima del hombro, con ese aire de supremacía que otorga la seguridad de creerse el máximo exponente, el cabecilla, el ídolo que todos admiran. No en vano llevaban en aquella estantería una década, y antes de ocupar aquel sitio fueron exhibidos en escaparates de primera y segunda mano; habían recorrido mundo pasando por infinidad de propietarios y eran solicitados por una gran multitud de lectores. Estaban convencidos de haberse ganado aquel estatus entre la mayoría de los que les rodeaban; respetados y admirados por todos aquellos que gustan de una lectura compleja, de esas que uno se deleita con cada frase, de las que se saborean mejor en la digestión de las palabras o releyendo tiempo después, para encontrar el sentido más profundo que una primera lectura dejó escapar. En definitiva, libros de esos que dicen imprescindibles para poder considerársele a uno lector. Y, como anunciaba al principio, estos l...