28 de mayo de 2011

Veía llover


      Veía llover a través de la ventana y aquellas gotas de agua que jugaban a permanecer tras el cristal, a mezclarse unas con otras para después separar esa unión y precipitarse hasta desembocar sobre el marco de madera, también le permitían ver otra lluvia igual de húmeda y transparente, a ratos fría y otros más cálida.

      Allí, de pie, mirando fijamente tras el cristal, o quizás no al otro lado y su mirada se concentraba en ese punto desenfocado donde no se ve más allá de los recuerdos, pensaba en esa otra lluvia, la de las horas que ya no volverán a recordar que aún es ayer y falta mucho para mañana. La lluvia de besos entregados sin reparar, si quiera, o los que se quedaron esperando una señal para salir disparados. La de las sonrisas que surgieron espontáneas y que ahora luchan por no perderse, ni caer en el olvido de la caja donde están guardadas. La lluvia de momentos dormidos que aguardaron esperando un abrazo y que, escurridizo, se posó sobre la almohada buscando algún sentido. La de los sueños ligeros que se fundieron al despertarlos, dejando una estela de incertidumbre y un deseo ávido de atraparlos. La lluvia de los paseos sin retorno y las vueltas sobre lo mismo, o las palabras que por miedo a salir se encallaron al borde un precipicio, el mismo por donde se arrojaron las que, imprudentes, saltaron con sus alas inútiles.

      Veía llover a través de la ventana, aguacero del tiempo.

(Inspirado en la frase de Atenea: “Veía llover a través de la ventana” para El CuentaCuentos)

19 de mayo de 2011

Baila bailarina

     
      Recluida entre las cuatro paredes de aquel cuarto, soñaba con ser bailarina. Se imaginaba haciendo complicadas piruetas en el aire, girando sobre sí misma sin parar o deslizándose como una pluma arrastrada por el viento. Aquellas figuras representaban para ella una inalcanzable quimera.
      También disfrutaba con sueños sencillos como salir a pasear a la calle y descubrir el mundo tras aquel ventanal. Pero el reloj jugaba en su contra y cada vez se sentía más frágil y apagada. A veces ni los sueños conseguían levantar sus esperanzas.
      Cuando sintió que sus fuerzas habían llegado a su límite, en el último suspiro de vida, pidió un deseo, era lo único que le quedaba por intentar. Al instante, la joven que minutos antes había puesto agua en el jarrón, pudo sentir su perfume en la piel, y unas ganas irresistibles de bailar.

15 de mayo de 2011

Miradas


Harry

     Rita no era de esas mujeres que allí donde invaden con su presencia, dejan marcada una estela de expectación. No era como Lili, su amiga, que despertó la curiosidad de James y los cuatro habituales de la barra, con un sólo movimiento de melena. Ella parecía tener la intención de pasar inadvertida. Busqué llamar su atención durante toda la noche, pero prefería ignorarme. Apoyándome en el bastón de su indiferencia conseguí captar la atención de Lili. Fue así como empezó todo y terminó lo nuestro, justo antes de comenzar.

      Con el paso del tiempo, Lili consiguió mantener mi voluntad a raya. Me hubiese gustado hacer lo mismo con la de Rita, que por aquel entonces pendía de los labios de James. No fue la primera noche ni la segunda, tal vez ni siquiera la octava, puede que fuera aquella en la que Lili comenzó a fantasear sobre lo nuestro, o quizá no fantaseaba y fuera yo que, sin querer iniciar nada, me dejé llevar invadido por los celos hacia mi amigo. No soportaba escuchar sus intenciones con Rita ni quería estar cerca cuando sucediese. Nos alejamos.

Rita

      Hay miradas que no necesitan de las palabras para conceder al destinatario un propósito. La suya se quedó grabada en mi memoria con la consistencia de un trazado de forja, esa fue la primera vez que le vi. Harry no entraba dentro de mis planes aquella noche. Ni él ni ningún otro. Había salido con Lili a tomar unas copas y a divertirnos. No fui capaz de aguantar más de tres segundos su mirada. Fue Lili quien tomó las riendas de las presentaciones y quien conquistó, finalmente, a aquel desconocido que terminó sentado en nuestra mesa con su amigo James. A la hora de elegir no hubo decisión abierta, fue un acuerdo tácito que se formalizó cuando Lili sacó a Harry a la pista de baile, y no le volvió a soltar.

      James no estaba mal. Más que eso, me atrevería a decir que James era un tipo muy atractivo; sin embargo Harry tenía más encanto. Su forma de hablar, la de no decir nada y contarlo todo con su mirada, la de sonreír... No habría sabido decidirme entre su mirada o su sonrisa.

      Nunca había envidiado a Lili hasta aquella noche. Las siguientes citas marcaron las reglas del juego a un nivel más cerrado. No salí con él por despecho, surgió al poco tiempo, quizás cuando me relajé y lo di todo por perdido con Harry. Un año después terminé con James, o James terminó conmigo. Lo cierto era que ninguno acusó la ausencia del otro durante la relación.


Miradas

      La tarde que nos cruzamos en la calle, Rita no me preguntó por Lili ni yo a ella por James. Se atrevió a dar rienda suelta al deseo que, solapado detrás de su mirada, secuestró mi voluntad. No hubo forcejeo ni resistencia por mi parte, la apropiación ya fue concebida aquella noche en que nuestras miradas calcularon el dominio de sus pretensiones.


14 de mayo de 2011

En la cuerda floja


―El otro día me contó una camisa de él, que se vio con otra mujer en un hotel.
―Me encantaría rebozárselo por las narices a ese vestido tan creído y pretencioso, que compartió una de las citas de ella con el otro. Se cree más que nadie por su agitada vida social.
―Tranquila, ya se habrá enterado, hoy comparten la colada.

6 de mayo de 2011

Corazón desubicado


      Subió a aquel tren de vuelta con la misma sensación que veinte años atrás había trazado el sentido contrario: miedo. Cerró los ojos e imaginó cómo habría sido su vida de no haberse marchado. Según se acercaba el tren a su destino, más nítidas se formaban aquellas imágenes en su mente, colmándose de añoranza y nuevos designios. Cuando el tren efectuó su parada y pisó de nuevo aquel andén, sintió que se había equivocado de sitio. Sus pies estaban en el lugar correcto, pero su corazón ya había comprado otro billete de ida.
(Escrito para "El V certamen de relatos breves, tren de cercanías")

5 de mayo de 2011

Espiral



      Observaba el movimiento de sus pequeñas aletas, mientras su padre limpiaba la pecera. Había sacado las piedras de colores y se disponía a llenar de nuevo la esfera cristalina. Los pececillos luchaban contra aquella espiral de corriente, bajo la diabólica mirada del niño que sostenía el tapón impasible.

(Escrito para el II concurso de microjustas literarias de OcioZero)