10 de julio de 2017

Diario de una escritora indie. Capítulo 8: Cuando la escritura es un hobbie




      Cuando me aficioné a la escritura, enseguida noté que me producía una especie de adicción, lo mismo que ocurre cuando me sumerjo en la lectura de un libro que me atrapa. Pero también reconozco que a veces me encuentro saturada o apática, y lo que menos me apetece es abrir el procesador de texto. Para mí escribir no es ninguna terapia. Escribo por gusto y pasión, y en momentos apáticos o de bajón no me obligo a escribir. Me doy la libertad de abandonar la escritura temporalmente, aunque esté sumergida en una novela. No me gusta hacerlo por obligación ni bajo presión. Esta afición mía nació como un hobbie y así me gusta seguir disfrutándola, ya que, por suerte, no me veo obligada a vivir de ello. Y lo bueno de esto es que disfruto de lo mejor que tiene la escritura: escribir. El vender o dar el producto a conocer es la parte más tediosa del proceso y, aunque me obligo a dar publicidad a mis libros, sé que no soy lo constante que debería. Quizás por eso al principio pensaba que necesitaba una editorial, para evitarme ese trabajo que ellos podrían hacer con más eficacia y profesionalidad, y así poder dedicarme a la parte importante e imprescindible para mí. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que hoy en día las cosas no funcionan así, y que al final una se tiene que dedicar por entero a ambas labores, escribir y vender, y que da igual publicar por tu cuenta o no; la única diferencia es que siendo indie no puedes vender tus libros en las librerías y del otro modo sí. Así que, llegados a esta reflexión, lo único que queda es poner en una balanza los pros y los contras de la decisión de continuar sola o acompañada. En mi caso pesó más el trabajar sola. Y no solo es que pesara más, es que cuando llevé mi decisión a término me sentí completamente liberada y feliz. Noté que me apetecía escribir de otra manera, como lo hacía al principio. Volvía a ser un hobbie y una ilusión para mí, lo que nunca debió dejar de ser. Quizás soy una escritora atípica o tal vez no tengo alma de escritora y solo soy una narradora de historias. Pero no echo de menos las ferias del libro, ni las presentaciones, ni las firmas… Estuvo bien vivirlas en su momento, no diré que no, aunque no es algo significativo para mi forma de ver la escritura. Disfruto más de un café con una amiga que comparte las mismas inquietudes y que se alarga hasta la hora de la comida, compartiendo experiencias e inquietudes y sin parar de hablar durante horas... Volver a casa con las pilas recargadas de ese encuentro y revoloteando por la mente mil historias a punto de escapar.

      No sé si algún día volveré a trabajar con una editorial, nunca es positivo decir de esta agua no beberé porque luego te cae un cubo lleno en la cabeza y te la tienes que tragar con tus palabras. Pero no envío ninguno de mis manuscritos a editoriales. De hecho solo lo hice una vez, hace cinco años, con la primera novela. Hoy por hoy… prefiero disfrutar de lo que me dan mis historias a pequeña escala, que es inmenso.

1 comentario:

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