14 de marzo de 2014

Parece que fue ayer…


      Llevo ya cuatro años escribiendo, o al menos eso dice mi blog. Cuatro. ¿Cuatro? ¡¡Cuatro!! Para mí ha sido un suspiro, soy capaz hasta de situarme en ese lejano día de febrero de 2010 cuando, una mañana soleada (como suelen serlo todas en Málaga), muy entusiasmada, pulsé el botón titulado “crear blog”, y las vueltas que le di para encontrarle un nombre, una imagen, unos colores… Ha llovido mucho desde ese día pero para mí nada ha cambiado. Bueno, nada y todo lo ha hecho porque aunque he ido cambiando de forma, nunca el fondo, conservo las mismas ilusiones que entonces. Aunque, como todo en la vida, uno cuando empieza con algo lo coge con muchísima fuerza. Y no es que ahora me haya cansado de escribir a diario, pero las novelas me han hecho acostumbrarme a aflojar el ritmo, al principio era más activa en relatos y más participativa en foros de escritura. Mi día a día tampoco es el mismo que entonces, aunque mi mente sigue muy activa buscando nuevas ideas que voy anotando y guardando para futuros pasajes de novela. Quizás sí he cambiado, o la escritura me ha cambiado o yo he cambiado mi forma de escribir; en cualquier caso me alegro de que hayan pasado cuatro años y ver que sigo aquí, en el punto de partida, donde todo empezó. Y espero que mi blog me perdone porque ya no celebro su cumpleaños. Lo cierto es que si no lo miro, ya ni recuerdo qué día fue, sólo el mes. Pero él es comprensivo y no me lo tomará en cuenta porque sabe que, aunque su creadora es sumamente despistada, le tiene muchísimo cariño. Y, sobre todo, sabe lo más importante: forma parte de su vida.