24 de enero de 2014

Se van haciendo mayores


      Este año, mi hijo mayor (9 años) ha descubierto el asunto Papá Noel y Reyes Magos. De la manera más tonta, además… Se habían pedido para Papá Noel unas consolas Nintendo y, como eran iguales, no se me ocurrió otra cosa que, cuando las probé para asegurarme de que funcionaran correctamente, se las personalicé, y a cada uno le puse un saludo personal con su nombre en el inicio de pantalla y el entorno de la misma con los textos del color favorito de cada uno. Se pasaron todo el día de Navidad chismorreando con sus primos y por la noche, antes de dormir, nos confesaron que habían descubierto que es imposible que Papá Noel se ponga a escribir mensajes en las Nintendo con el nombre de todos los niños que se piden una, y que la prima había dicho, además, que los padres lo escriben porque son los que compran los regalos. Lo pensé fríamente, no sabía si continuar con la mentira porque además era sencillo refutar su argumento, bastaba decir: “igual que se molestan en envolver los regalos de cada niño y poner el nombre en el paquete, ¿por qué no se iban a molestar en daros una sorpresa y poner un saludo personal en la pantalla?”. Pero mi marido me convenció de que era mejor decírselo, que estando mosca iba a hacer todo lo posible por descubrirlo y, lo peor de todo, se lo soltaría al pequeño y le convencería. Dicho y hecho, me reuní con el mayor para sonsacar qué sabían, si lo creían a pies juntillas, y soltarle la verdad de la mejor forma posible. Reaccionó muy bien, le expliqué que para nosotros era muy bonito hacer de Papá Noel y de Reyes Magos, y que seguiríamos haciéndolo igual aunque lo supiera: debía escribir su carta, mantener la ilusión de recibir sus regalos y ayudarnos a conservar el secreto para su hermano. Lo peor de todo fue cuando nos levantamos de la cama y me suelta: “Pues yo tenía dudas sólo con Papá Noel, los Reyes Magos pensaba que sí existían porque la seño de religión nos había contado la historia en clase y parecía de verdad”. Me quedé alucinada al escuchar eso, porque podía haber salvado una parte de la ilusión y se la reventé sin darme cuenta. Justo antes de salir de la habitación me dio un abrazo (es muy sentido) y me dijo: ¡Mamá, nunca le digamos a mi hermanito la verdad! Y, con lágrimas en los ojos, me arrepentí enormemente de no haberle seguido engañando un año más. Abrí la puerta para salir y antes de abandonar la habitación me suelta: ¿Y el ratoncito Pérez existe? Pero  ya era demasiado para mí y le contesté: ¡Anda, niño, no seas tan preguntón! Y me largué de allí antes de que me preguntara por Dios y por la Virgen.

3 comentarios:

  1. Brillante el texto, la naturalidad que lo envuelve, la puesta en escena excepcional, el tema no creo haya mejor forma de tratarlo ni narrarlo, y los protagonistas de tan peculiar momento están geniales.
    Creo que poco puedo decir más :-)

    Un abrazo!


    Pd Prepárate que llega la Semana Santa!

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  2. Es lo que pasa cuando los niños van creciendo y encima son listos...
    Pero es una pena que vayan perdiendo la ilusión y la inocencia.
    Por estos lares vamos estirándolo un año más, aunque el niño en realidad se hace el "loco" porque le interesa...
    Se hacen mayores muy deprisa, verdad?
    Salu2

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    Respuestas
    1. Yo hubiera preferido que se hiciera el loco y ser yo la engañada en la ilusión de mantenerle la ilusión. A ver si hay suerte y el pequeño se entera de estranjis, se lo guisan entre ellos, y aguantamos así por mucho tiempo. Con lo que disfrutamos bajando al trastero a altas horas de la noche y cruzarnos en el ascensor con el resto de Reyes Magos del bloque...

      Un besote!

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