26 de septiembre de 2012

Tarde de lluvia



      Subió con el pelo empapado. Como de costumbre, se quedó de pie en el pasillo, agarrado a una de las barras verticales y absorto en sus pensamientos, con la mirada perdida en algún punto entre el cristal de la ventana y el paisaje del recorrido del autobús.

     Cinco eran las paradas que compartíamos todos los días de lunes a viernes, excepto cuando lo perdíamos y había que coger el siguiente. Alguna vez había presenciado cómo se le escapaba a él. Le observaba correr hasta que las puertas se cerraban y el autobús iniciaba lentamente su marcha. Me daban ganas de gritar al conductor: ¡Oiga, espere, falta un pasajero! Pero la timidez me superaba y las palabras quedaban ahogadas en mi garganta, mientras mis ojos, desilusionados, le veían reducir el paso y finalmente quedar quieto en la parada, consultando el reloj para calcular la llegada del siguiente. Y yo frustrada porque hasta el día siguiente no volvería a verle.

      Aquel día había tenido suerte. Bien por la lluvia o porque el semáforo más cercano se había puesto en rojo, el conductor permaneció con las puertas abiertas hasta que hizo su entrada. Cinco paradas después no sé qué me impulsó a bajar pero, cuando me quise dar cuenta, mis pies estaban en la acera y el autobús había continuado su marcha. Él me miró desconcertado al reparar en mi presencia, como si observara una escena inverosímil en su rutina diaria, algo que no encajaba en aquel paisaje; al menos así era como yo me sentía en ese instante, como una verdadera idiota. Sin saber muy bien cómo actuar, decidí caminar en dirección contraria a la que sabía que tomaría él y, después, cuando le perdiera de vista, volvería a la parada para tomar el siguiente autobús, que no tardaría en llegar.

      Al volver a la parada lo encontré de nuevo. No supe muy bien como reaccionar y, por lo que pude comprobar, él tampoco tenía nada preparado.

      —Hola.
      —Hola.
      —¿Me esperabas?
      —Te has bajado en mi parada.
      —Sí… bueno… no es solo tuya, aquí baja más gente.
      —Sí, pero tú nunca bajas aquí.
      —¿Te aprendes las paradas de todos los viajeros de la línea?
      —No, no, no es eso… es solo que… no sé, me extrañó.
      —¿Y me has esperado para contarme que te extraña que baje en tu parada?
      —No, es que pensé que… ¿Bajaste para ir a algún sitio? Has vuelto muy rápido.
      —¿Aparte de interrogarme también me has cronometrado?
      —No, bueno, perdona. No quería molestarte. Será mejor que me vaya, viene tu autobús.
      —No me molestas.
      —¿Te apetece tomar algo? Conozco un bar aquí al lado que hace las mejores tortitas que he probado.
      —Por mí bien pero vas a coger una pulmonía, estás empapado. ¿No tienes paraguas?
      —Sí, hace unos cuantos meses, creo que por primavera, tenía uno idéntico al tuyo.
      —Es éste.
      —Lo sé.
    —Me di cuenta que lo habías olvidado justo cuando se cerraron las puertas, no me dio tiempo a reaccionar.
      —¿Y qué te frenó después?
      —Pues no sé, me lo llevé a casa y pensé devolvértelo al día siguiente, pero era sábado y luego domingo, y ya el lunes… no estaba muy convencida de que fuera tuyo y no quería parecer una loca obsesiva que se fija en los movimientos de un desconocido del autobús o se lleva su paraguas a casa en vez de entregárselo al conductor. Al final me lo quedé. ¿Por qué nunca me lo has pedido?
      —No estaba totalmente seguro de que fuera ese. En realidad no suelo usar paraguas, me lo prestaron aquel día porque diluviaba.
      —¿Y qué le dijiste a su propietario?
      —La verdad, que lo había perdido.
      —Y le compraste otro, supongo.
      —No, confiaba en que algún día te dignarías a devolvérmelo.
    —Pues como ves, no pensaba hacerlo pero tratándose de un paraguas prestado… Tomemos esas tortitas y lo negociamos.

4 comentarios:

  1. Encantado de tu capacidad para dar la oportunidad a dos desconocidos. Adorables. Un beso Sara!

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  2. Otro para ti, Daniel! :)

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  3. Anónimo9/10/12

    que sorpresa un paseito clandestino por caminos medio abandonados y uno se encuentra con un relato "muy" de sueños a contraluz. Una pena que ya sea tan de tarde en tarde... ¿habrá tambien desván" para los Blogs?

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  4. ¡Ay! Me encantan las historias así. Me enamoran. Me lo imagino perfectamente y es bonito y a la vez intrigante. A veces pasan cosas así ¿sabes?. Muchas veces la gente lo imagina: ''¿Qué pasaría si saludase a esa persona que me gusta?'' y no lo hacen. Y luego, el destino, y luego la magia. Sí, ocurren, es posible.

    Me encantó :)

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