25 de marzo de 2012

Será como una señal


      Esperaba nervioso, caminando de un lado a otro de la fachada del bar donde se habían citado. Miró el reloj seis veces antes de que ella apareciera y se cruzara con él, sin verla. Nunca se habían visto en realidad, o eso creían. Esta iba a ser la primera vez, aunque, para ser más exactos, el tercer intento. Al cruzarse con ella no reparó en el abrigo rojo que llevaba puesto, ni en cómo le miró disimuladamente entre el hueco que dejaron su mano y el hombro derecho, mientras se colocaba el gorro con las mejillas encendidas. Tampoco descubrió la sonrisa pícara que le provocó descubrir que volvía a consultar su reloj por séptima vez. «¿Cómo podremos reconocernos, me vas a hacer interrogar a toda aquella que me cruce en la calle?» , le había preguntado él en la última conversación que habían mantenido. La primera se produjo unos meses antes, cuando se encontraron en un foro de lectura. A él le apasionaba Delibes y ella era la primera vez que leía a este autor, había comenzado por «Señora de rojo sobre fondo gris». Pasaron horas, desde aquel día, comentando sobre ese libro y también sobre otros leídos en común. Poco a poco las conversaciones se fueron volviendo más íntimas, invitándoles a pasar más tiempo juntos en la distancia de sus pantallas. Hasta que un día decidieron dar ese paso, el de conocerse en persona e intercambiar sus diálogos cara a cara. Habían ido retrasando ese momento tácitamente. Al principio porque no se les había pasado por la cabeza tal cosa, y más tarde por todo lo contrario: lo pensaban a cada instante, pero les aterraba la idea de decepcionar al otro, de no cumplir las expectativas formadas en su mente, de sacrificar ese vínculo que se había creado entre ellos, sin formas, invisible, sin una identidad real, o más real que la identidad en sí. Y fue esto último lo que les llevó a dar el paso.

      El primer intento fue en una cafetería. Decidieron, para reconocerse, llevar un libro. «Un libro no vale, hay mucha gente que va con un libro, podríamos equivocarnos» anunció él. «Pero será divertido ―respondió ella― durante un rato no sabremos quiénes, de los que estemos con un libro, somos. ¿Te da miedo preguntar?». Pero no salió como esperaban. De los que estaban en la cafetería sólo él llevaba un libro. Esperó casi una hora y, cuando se disponía a salir, entró una chica con un libro en la mano que se sentó en una mesa, pidió un batido de fresa y se puso a leer. Estuvo a punto de acercarse a ella, pero decidió marcharse. Si hubiera sido ella, habría intentado buscarle con la mirada ―pensaba―. ¿O tal vez lo hizo, no le gustó lo que vio y disimuló leyendo? De todos modos, odiaba que la gente fuera tan impuntual. Al final la chica del batido de fresa no era ella. Al llegar a casa encontró un mensaje de disculpa anunciando que había tenido un problema en el trabajo y le era imposible asistir.

      El segundo intento fue de la misma forma, pero decidieron llevar un libro en concreto, aquel del que hablaron por primera vez. A él se le ocurrió ocultarlo en el asiento bajo su chaqueta. Quería ser el primero en localizarla y, en el caso de que ella decidiera largarse al verle, sin dar señales, la vería desaparecer. El problema fue que ella pensó exactamente lo mismo, y dejó guardado su libro en el bolso hasta verlo aparecer, cosa que no ocurrió porque ninguno se descubrió durante la hora que permanecieron allí. Después de aquello, estuvieron un tiempo sin contacto. Ninguno perdonaba al otro el plantón. Hasta que un día él decidió acercarse y preguntar qué había pasado. Les pareció muy divertido haber pensado lo mismo y, finalmente, decidieron darse una última oportunidad de encuentro. «Eso sí, no habrá libro ni nada ―propuso ella― si esta vez no nos encontramos, significa que, por algo, no tenemos que conocernos. Será como una señal».

      «¿Estás segura?», se inquietó él, cuando días más tarde ella decidió como lugar de encuentro una esquina de una famosa plaza. «Sí, además estoy convencida de que me reconocerás, y yo a ti también. No creo que haya muchos desconocidos citándose justo allí». Pero no contaba con que los días previos a la Navidad, esa zona siempre se hallaba atestada de gente realizando sus compras, y muchos hacían parada en aquel sitio para degustar sus fabulosas napolitanas de crema. Fue al apoyarse ella sobre la pared gris de la fachada, mirándole, cuando él identificó aquel cuadro, el título que les había llevado hasta allí. «¿Cómo me has reconocido tú a mí?», preguntó él mientras se acercaba con la seguridad de que era ella. «Pusiste mucho hincapié en que la impuntualidad era lo que más detestabas. Solo tenía que retrasarme y observarte desde el otro lado de la calle».

13 comentarios:

  1. Me gusta, tiene un punto divertido todo :D

    Besos^^

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  2. Muy bonito, se lee del tirón, con tensión, emoción y un desenlace muy ingenioso. :-)
    Bsos

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    1. Sara! Acabo de descubrir lo de tu libro!! Felicidades!! =) Me gustaría muchísimo leerlo pero no tengo Kindle... es posible comprar alguna versión en PDF o que valga para el ipad?? (no estoy nada puesta en el tema, como verás). A ver si hay alguna manera de hacerlo, que me ha encantado la sinopsis y, bueno, siendo tuyo seguro que me encanta.

      ;)

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    2. Hola Sara,
      pues claro que sí, tienes una aplicación gratuita de Amazon para iPad http://www.amazon.es/gp/feature.html/ref=sv_kinc_1?ie=UTF8&docId=1000576363 y es fantástica, yo la tengo en iphone.

      Y nada, espero que te guste o al menos, que lo disfrutes y, sobre todo, que me comentes las impresiones que hayas tenido.

      Un besote!

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  3. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, o a un libro :)
    Tu relato interrelaciona la historia que van creando ella y él con la que paralelamente, con la presencia justa, genera un libro. En un primer momento pasa casi desapercibido, como una anecdota (aunque ya la imagen nos diera una pista)para resultar determinante al final y evitar un cuarto intento.
    Enmedio toda una serie de comportamientos que desvelan esos temores y suspense emotivo pero sobre todo esa carrera invisible por ser primeros en descubrir al otro.
    Me ha encantado la naturalidad con que está escrito, y me alegra mucho saber que sigues escribiendo, no soy quien pero te diría que te olvides del disparo, si te dijera que mi historia me vino mientras buscaba ideas mirando las paredes desde la silla, no me di cuenta que la respuesta podía comerme de lo cerca que la tenía :) piensa en el disparo como una pieza mas del puzzle.

    Un abrazo!

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  4. Es que yo quería que se me ocurriera algo como lo que se te ocurrió a ti, pero me bloqueé y no veía más allá de la escena desde el punto de vista del asesino, del asesinado o de un testigo presencial. Se me hizo muy frío y me apetecía escribir algo más de mi estilo, y como soy tan pastelosa... Pero mi reto es no dejar pasar la siguiente, sea como sea (por Dios que no sea de la semana santa Hada de las frases!!)

    Gracias Carlos, el tuyo ha sido genial :) Un besote grande!

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    1. Jajajaja Carlos, acabo de ir a mirar la frase del cuentacuentos para la próxima semana y no, no es sobre la semana santa, adivina de quién es...

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  5. Ay....!!! Me ha encantado Sara. Muy tuyo, romántico e ingenioso. Siempre cuentas historias de esas que apetece vivirlas en primera persona. Pero en la vida real no somos tan imaginativos, al menos yo, eso sí... yo no me pido un batido de fresa ni muerta jajaja...
    En fin, espero que al final puedas cogerle el hilo a mi relato... ya me conoces cuando me da por escribir retorcido... ( serán la secuelas de las microjustas )

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    1. Por eso me las invento jajajja porque en la vida real no somos tan imaginativos ;) y así, por lo menos, las disfrutramos mientras las leemos.
      Ya me contarás qué te pasa con los batidos de fresa jajaja.
      Y no te preocupes por lo de tu relato, en breve me paso de nuevo a darle otra vuelta, creo que ayer no estaba yo muy fina, ya sabes que suelo empanarme a veces. Un besote y nos vemos en el siguiente, no puedo faltar a la frase, sería para darme una colleja :P

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  6. Carlos30/3/12

    No te pierdas Sara la entrevista Sara to Sara en el blog de Sara!!!!
    Aprovecho estos segundos libres en el trabajo para decirtelo, que desde que la leí no podía esperar a terminar la jornada para felicitaros a ambas. Y es que la felicidad y el entusiasmo que aportáis alegran este día de nubes grises :)
    Tengo que marchar ya, si paso por Luces haré labor de promoción de ciertas postales ;) Por cierto ya que el Ayto mira tanto por promocionar la ciudad estos días una bella forma de hacerlo es recorriendo uno de sus barrios nostálgicos a través de un libro :) me lo apunto también, y marcho ya que no llegooo xD Un abrazo enorme a las dos!!

    *llamaré a la promoción Postal express :p

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    1. Carlos, ¡eres un cielo! ¿Cómo me la iba a perder? jajajjaja si la tengo ahí a mi vera, que es uno de mis blogs de cabecera. Me pregunto cómo vas a hacer la promoción por Luces... ¿Les pedirás un ejemplar de las postales para que se vuelvan locos buscando en la base de datos? jajjajjaja

      Un abrazo enorme también para ti ;)

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  7. Pues les pedí algo mejor, que compren treinta!:p Y apuesto a que hoy se han incrementado el número de ejemplares vendido :)
    Mi relación con Luces es mi vieja amistad con Pepi, que ahora lleva la tienda que abrieron en la zona franca del aeropuerto, y desde ella conocí al resto, no es mucho pero confío en que el boca a boca haga su trabajo. Espero pronto darte una buena noticia!

    Otro abrazo!

    Idea espontánea para una tarjeta para ir dejando por el centro estos días "Por lo que cuesta una postal puede comprar treinta, y no regalar unas líneas sino todo un libro" :)

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    1. Pero, Carlos, jajaja yo pensé que lo de Luces lo decías de coña, no sabía que ibas a promocionarlo en serio!

      Tu frase espontánea me ha encantado y pienso robártela para un teeet jijiji

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