31 de enero de 2012

Tiempo, ganas... inspiración



      «No pienses que te voy a pedir perdón, porque no lo haré», le dijo Eltiempo a Lasganas, como broche final de aquella acalorada discusión. Lainspiración había estado pendiente de la conversación sin intervenir, buscando su opinión al margen de ellos para posicionarse de una forma objetiva. Finalmente, antes de que el diálogo quedara en el olvido, decidió hablar:

      ―Deberías pedirle perdón a Lasganas, desde mi punto de vista no es indispensable. Si él prescindiera de ella, ¿crees a caso que tú serías más útil? En mi opinión iría de cabeza al abandono. Es más, ya lo hemos comprobado otras veces, lo más probable es que buscara a Milexcusas para que le convenciera de que no vale para esto.

      ―Pero estarás conmigo ―intervino de nuevo Eltiempo― en que sin mí, por mucho que esté ahí Lasganas queriendo tomar el mando, todo quedaría en intención.

      ―Me temo que ahí pecas de vanidad. Lasganas tiene suficiente poder como para quitarte espacios en el sueño, en el hambre… Sabes de sobra que cuando Lasganas tiene confianza en sí misma, le transforma en un ser poderoso.

      ―Si yo fuera él ―tomó la palabra esta vez Lasganas― y tuviera que elegir el elemento imprescindible, te elegiría a ti, Lainspiración. Sin ti las ideas serían meras ensoñaciones que pasearían por su cabeza, sin conseguir una relevancia susceptible de verse expresada en el papel. Tú eres el motor que arranca el movimiento de todos los engranajes.

(Inspirado en la frase de Atenea: "No pienses que te voy a pedir perdón, porque no lo haré", para El CuentaCuentos)

26 de enero de 2012

Destino

Escrito en feb 2011- I Edición de Microjustas literarias (ronda 2) Tema: líneas paralelas.


Caminé a tu lado, reí con tu risa, lloré con tu llanto, acomodé mis manías, me hice a tu medida… Me pregunto si el infinito convergirá en algún punto nuestras vidas.

25 de enero de 2012

Miradas

Escrito en feb 2011- I Edición de Microjustas literarias (ronda 1)  Tema: secreto.

    
      Se cruzaron sin mediar palabra, en sus miradas estaba el testigo silencioso de sus recuerdos. Ambos siguieron sus  caminos, cogidos por la mano de sus respectivas vidas.

24 de enero de 2012

Microjustas de nuevo (IV edición)

    
      Como ya hiciera en septiembre del año pasado, he vuelto a participar en la cuarta edición de Microjustas Literarias. Mismas reglas: eliges un tema de la lista, solo dos contrincantes por tema, 50 palabras como máximo y a combatir. Los temas eran "floripondios". Elegí Gladiolo y, sí, otra vez caí en la primera ronda... Aquí dejo el trayecto de mi espada como recuerdo de mi participación en el torneo:


Sumisión

      Pidió grabar en su escudo un gladiolo como símbolo de la victoria que ya podía oler desde su mente de invicto.
      ―¡Sólo uno puede quedar vivo! ―gritaban.
      Al ver a su oponente, un sudor frío le recorrió la espalda. Su hijo bastardo no sabía que tenía la victoria asegurada.


23 de enero de 2012

Y fue con una poesía...


      Esto que traigo es algo muy especial para mí. Ya lo era cuando lo escribí. Es una poesía que envié a un proyecto titulado “In absent(i)a” donde veinticinco seleccionados por un jurado, entrarían a formar parte de esta antología. Hoy he recibido mi ejemplar, por ser mi poema uno de los elegidos. Imagino que cuando lo leáis os sonará a algunos de vosotros, lo escribí hará cerca de un año y medio aquí en mi blog. Así que hoy me repito porque me hace mucha ilusión mi primer premio nacido de mi pluma.

El viejo desván.

Once metros pueden parecer miles,
y mil kilómetros pueden ser dos centímetros,
si la unidad de medida es de dos niños que juegan en un desván.

Un segundo puede durar un día,
y diez años pueden ser un suspiro,
si el reloj que lo vigila lleva el ritmo de aquel lugar.

Mil cuentos pueden resumirse en una palabra,
y una mirada entre ellos contar toda una historia,
mientras sus cuerpos se alejan como las partes de un mismo imán.

Una foto puede esconder mil instantes,
incluso la esencia de toda una vida,
eso decían aquellos álbumes en la estantería del desván.

Un baúl puede contener un valioso tesoro,
y una vieja caja de disfraces guardar las almas
de aquellos niños alegres que jugaban a soñar.

Un vaso de agua puede parecer un río,
y un mar ser la lágrima resbalando en la mejilla,
cuando se cierran las puertas de un abandonado desván.



    Mil gracias a Nanoediciones, no os imagináis la ilusión que me hizo cuando leí mi nombre. A Gadea, a quien le debo un brindis con ese licor verdoso (que nunca he probado, por cierto). A mi querida Ángeles, que me hubiera gustado leer un poema suyo aquí dentro, quien me abrió los ojos a la poesía que encerraba mi texto. También al CuentaCuentos, por esa magnífica frase inicial.

11 de enero de 2012

El arma no estaba en su sitio


      Abrió la puerta muy despacio y contuvo la respiración hasta que el pestillo hizo clic a su espalda. Cogió un paraguas que no recordaba haber colgado en aquel perchero y se lo colocó sobre el hombro a modo de bate de beisbol. Cuando sus ojos se acomodaron a la penumbra caminó por la estancia. Por el momento no había signos de que la casa hubiera sufrido un atraco. Todo parecía estar en su sitio y a la vez tenía la sensación de que nada estaba en su lugar. Cuando llegó se había encontrado la puerta abierta y aquello no podía haber sido un descuido suyo, estaba completamente seguro de haber echado la llave. Siempre lo hacía. Por segunda vez esa noche le entraron unas ganas incontrolables de vomitar. Todo le daba vueltas y el silencio de la casa se había convertido en un zumbido sordo para sus oídos. Abrió unas cuantas varillas del paraguas y soltó la vomitona dentro, reaccionando justo a tiempo para no estropear la alfombra. Escuchó un sonido procedente del dormitorio. Miró a su alrededor con la intención de encontrar otro objeto que le sirviera de arma, pero las sombras de los muebles no le revelaban ninguna idea para tal uso, ni siquiera era consciente de la distancia entre ellos y él. Palpó a su alrededor estirando un brazo, utilizando el paraguas a modo de bastón con la otra mano para guardar el equilibrio. La única salida era coger un cuchillo de la cocina, pero le pillaba al otro lado del pasillo y el ladrón podía estar acechándole detrás de la esquina de la puerta del salón. Otro ruido más agudo le hizo levantar por inercia el paraguas a la posición inicial, vertiendo todo su contenido: mitad encima y el resto por todas partes. Se acercó tambaleándose hacia la puerta de la cocina. La parte sobria de su cabeza se alegraba de encontrarse en aquel estado de embriaguez, ya que impedía que el miedo se apoderase de su cuerpo. Se concentró en mantener el equilibro y, para ello, contuvo de nuevo la respiración mientras se acercaba al pasillo. Un golpe seco en la cabeza le nubló la vista.

      Al despertar sintió que alguien le arrastraba por los pies. Yacía bocabajo y al abrir los ojos se encontró de bruces con una alfombra persa que olía a rayos, y que nada tenía que ver con la alfombra gris que él tenía en su casa. Levantó la vista hasta encontrarse con los ojos de una anciana, justamente los de su vecina del piso de abajo.

(Inspirado en la frase de Angelical: "Abrió la puerta muy despacio y contuvo la respiración"para El CuentaCuentos)