29 de agosto de 2011

El tiempo y la luna


―Donde se confunden relojes con lunas. ¿Recordarás el lugar?

   «Cómo iba a olvidarlo», pensaba, recordando aquella pregunta que me había venido tan nítida a la mente. Parecía, incluso, que acababa de escucharla directamente de su garganta, a mi lado, mezclada con el rumor de la marea. O tal vez era el propio oleaje quien me la recordaba.

      Había pasado mucho tiempo, demasiado, no recordaba cuánto. De vez en cuando paseaba por aquel lugar y me sentaba a observar la luna, preguntándome si sería él quien lo habría olvidado. Nos despedimos una noche de luna llena. Era tarde, en la playa ya no quedaba nadie y el único chiringuito de la zona acababan de cerrarlo. Cogimos dos tumbonas y las acercamos a la orilla. Nos tumbamos a contemplarla. Ella estaba radiante, con una tonalidad más cálida que otras veces. Dibujaba un camino de luz sobre el agua, que se extendía hasta el horizonte como una alfombra dorada:
―Me pregunto dónde terminará ese camino que ha dibujado en el agua  ―pensé en voz alta.
―Terminará cuando la luna se marche y el sol ocupe su lugar ―contestó, sin dejar de contemplarla.
―No preguntaba cuándo sino dónde.
―¿Acaso no es lo mismo? ―respondió, volviéndose hacia mí con aquella mirada enigmática, a medio camino entre la complicidad que le devolvería si coincidiera en su respuesta, y la vanidad de encontrarme completamente perdida.
    Permanecí un rato sin decir nada. Mirando la luna y dándole vueltas a la pregunta. Prefería centrar mi mente en otra cosa distinta a su partida. Entonces intuía que pasaríamos algún tiempo sin vernos, aunque ignoraba que allí sería la última y la primera vez que nos encontraríamos.
―Volverás, ¿verdad?
―Pues claro que volveré. ¿Por qué piensas que no voy a volver?
―No sé… eres joven. Viajas a la otra punta del mundo. Quizá algún día hasta el otro extremo del universo…
―Tú también eres joven.
―¿Por qué decidiste ser astronauta?
―Por la misma razón que tú decidiste ser veterinaria. Siempre quise serlo, ya lo sabes.
―Todos los niños en algún momento dicen que quieren ser astronautas. No pensé que en tu caso fuera a cumplirse.
―¿Tú no tienes curiosidad por lo que habrá ahí fuera?
―No hasta el punto de dejarlo todo y lanzarme al espacio.
―No lo dejo todo. Volveré, ya lo verás.
―Imagina que te lanzas al espacio y te encuentras con que el tiempo allí se ralentiza, y de pronto aquí en la tierra han pasado demasiados años. ¿Qué ocurrirá cuando vuelvas? ¿Dónde nos encontraremos?
―Donde se confunden relojes con lunas. ¿Recordarás el lugar?

    Pero la pregunta no procedía del rumor del oleaje, sino de su boca. Allí se encontraba otra vez el tiempo, en el camino de la luna.

(Inspirado en la frase de Paula: "Donde se confunden relojes con lunas" para El CuentaCuentos)