6 de julio de 2011

Súper poderes...

      Ayer durante la siesta los niños estaban viendo unos dibujos “Fanboy y Chumchum” (Sí, los de la foto) que no sé si son muy apropiados, por cierto, tendré que ver unos cuantos capítulos para ver si pasan la ITV porque les escuché decir algo así como: “concierto en La menor, de no sé qué compositor, para sobaco” a la vez que hacían una representación musical con dicho instrumento. Llevo una guerra con los niños de más de una semana para que cambien esa horrenda palabra que les encanta, por axila, pero no hay manera y ahora he descubierto de dónde la habían sacado… Pero no era esto lo que quería contar. En el capítulo, estos personajillos se hacían invisibles y se me mezcló el sueño de la siesta con el capítulo y el libro que me estoy leyendo, así que me desperté pensando en superpoderes varios. Abro debate: Si tuvieseis que elegir entre poder haceros invisibles, tener una fuerza descomunal e invencible, leer la mente, adivinar el futuro, ser veloces como la luz o materializaros en otro individuo… o cualquier otro superpoder que se os ocurra ¿cuál elegiríais?

      A mí el de la superfuerza no me llama mucho la atención, a no ser que vivas en un sitio muy violento donde necesites defenderte físicamente, a ver para qué otra cosa quieres ser una mole de acero. Bueno a mí para aparcar no me vendría mal, a veces cuando salgo del coche me doy cuenta de que me he quedado a metro y medio de la acera… sería cuestión de colocarlo manualmente y evitar que algún municipal me llame la atención porque parezca aparcado en doble fila.

      El de ser veloz como un rayo tiene su aquel. Hago la casa: 10 segundos. Voy a recoger a los niños: otros 10… Y para todo lo demás MasterCard. Interesante forma de ganar tiempo para otros menesteres.

      Materializarme en otro personaje… También tiene lo suyo. Cojo un avión con destino a… la casa de Brad Pit. Me materializo por unas horas en Angelina Jolie… Y para qué voy a dar más detalles con lo listos que sois. Aunque aquí me vendría bien un pack de dos superpoderes en el que el otro poder sea viajar en el tiempo, porque ya puestos a presentarnos en la casa de Brad Pit, mejor hacerlo cuando hizo “Seven”, “Ocean´s eleven” o “Troya”; ahora está un poco más cascadillo el hombre. Aunque entonces me tendría que transformar en J. Aniston ¿no? O en G. Paltrow… Dios, qué estrés de alfombra roja… casi que debería añadir también al pack el de la velocidad, por si tengo que ir improvisando sobre la marcha.

      El de adivinar el futuro también es interesante, aunque un poco arriesgado. A mí no me gustaría saber que dentro de tres días voy a pisar una mierda de perro con unas sandalias nuevas o que voy a tener un accidente; esas cosas es mejor encontrártelas de sopetón, si no vaya angustia de vida.

      Y lo de leer la mente no lo veo tampoco. Por un lado me pica la curiosidad de saber qué piensa la gente realmente y si coincide con lo que dice. Pero ir por la calle escuchando verdades como puños a todas horas puede ser muy frustrante y traumático, se vive mejor en la ignorancia total de los mundos de Yupi. Aunque de vez en cuando me vendría bien, sobre todo cuando me cruzo con alguien que me saluda y no recuerdo quién es; leería en su mente lo que está pensando sobre mí y atando cabos descubriría de dónde proceden los hilos y si tengo que enviarle a tomar por culo ya de paso.

      Aunque mi preferido es hacerme invisible. Yo creo que es el más completo de todos. ¿Quién necesita una superfuerza si puedes hacer que tu coche se ponga invisible para que los municipales no puedan multarte? O ¿quién necesita ganar tiempo para hacer otras cosas?  Si eres invisible puedes hacer varias cosas a la vez y ahorrar tiempo. Les dices por ejemplo a los niños: ¡venga a hacer las tareas y no os entretengáis ni os peleéis que os estoy vigilando! (la hora del café). Le dices a tu marido: vaaaaaale, está bieeeeeen, veo contigo esa película de alienígenas contra zombis que has alquilado (la hora de internet). O por ejemplo si no te apetece sexo en ese momento porque han puesto un programa en la tele que te encanta y no te quieres perder, le dices: ¿No te importa que use el modo invisible? Es que hoy no me he depilado las piernas y no me siento cómoda… Y ya si no te encuentra es cosa suya, no te puede achacar un falso dolor de cabeza ni nada por el estilo.

      Siendo invisible no puedes leer la mente pero imagínate que dos amigas tuyas se han juntado para tomar un café y, qué curioso, no te han invitado; sentarte a su lado de esta guisa es lo mismito que leer el pensamiento ¡Qué digo lo mismo! Eso es como leerlo en “Dolby Surround”. Y si me apuras, es como adivinar el futuro, o más bien es averiguar cómo modificarlo.

1 de julio de 2011

Noches de verano

    Fotografía de Eduardo Margareto

      Todas las noches salíamos a tomar el fresco, en cuanto se encendían las luces de la calle se podía escuchar el tintineo de los tenedores, a través de las ventanas, rematando la cena. Después acudían como llamadas por una melodía, cada una con su silla de enea. La esquina de nuestra casa era la elegida en aquella calle. El viento o su ausencia en los días más calurosos, allí se cruzaba con más libertad y mecía sus voces compartiendo recuerdos. Las risas alborotadas con alguna anécdota, el canto de los grillos, y el griterío de los niños jugando a nuestro alrededor; eran siseados por  las lechuzas en su particular forma de ulular. Yo sacaba mi libro con la intención de perderme en su lectura, aunque rara vez conseguía pasar de una página. Era imposible abstraerse de aquel espectáculo de vida.

(Inspirado en la imagen de Eduardo Margareto para el concurso de microrrelatos: Dónde lees tú)