16 de septiembre de 2010

Comparando el mar


      Aquella tarde, sus aguas parecían las garras de una fiera enjaulada. Amenazando en cada impulso para hacerme caer de aquella roca. Me mantuve firme en mi puesto, desafiando sus lenguas de fuego sustituidas por gélidas aguas, de aquel gigantesco dragón que hacía tan solo unas horas, dormía plácidamente como una llanura en calma.

      Siempre me he preguntado qué secretos esconde el sonido del mar. Por qué hechiza los sentidos con el vaivén de sus aguas. Te atrapa con su murmullo infinito, incita a descalzarte y a jugar con sus embistes, como si fuera un niño travieso que te lanza la pelota y no puedes resistirte a pasársela.

      Un niño gigante y caprichoso que consigue seducirte con sus ojos tristes en los meses de invierno, y con su mirada radiante en los días más soleados. Te enreda en sus aguas con su juego de oleaje, meciéndote con sus enormes manos, y olvidando, en ocasiones, su fortaleza;  dejando tu cuerpo exhausto por el forcejeo de su efusivo abrazo, hasta que logras escapar y descansar en la orilla; bajo la atenta mirada del sol, siempre cómplice de su recreo.

      Aquella tarde, el mar estaba enfurecido y colérico, quizá cansado y aburrido de jugar solo en la playa, en aquel frío día de invierno.

2 comentarios:

  1. Vale, creo que el conjunto ha mejorado, aunque Dela dice que te diga que sigue confundiendo lo que ya sabes XDDDD

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  2. El mar es muy útil para ver en él los sentimientos que nos ahogan. Un saludo.

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