29 de septiembre de 2010

Al otro lado



      Aquel muro le impedía la visión. No se trataba de un muro de ladrillo, ni de cemento; era un muro invisible que se había formado a raíz de sus dudas y sus miedos.

      En su lado del muro controlaba su vida a su antojo. Guardaba una distancia prudencial con lo desconocido e imprevisible, y ello le proporcionaba seguridad para tomar sus decisiones. Al otro lado del muro se encontraba todo aquello que consideraba inestable, oculto e incontrolable.

      Sin embargo, cada día, se paseaba por las inmediaciones de aquel muro. Era como una tentación que no podía evitar, como una rutina ineludible. A veces sólo se daba una vuelta para asegurarse de que el muro permanecía ahí. Otras daba un paso más, y se ponía de puntillas para asomarse por encima de él. Pensó en abrir un portillo para salir y entrar libremente; pero tenía miedo de que al hacerlo, se quedase abierto y no pudiese recuperar la estabilidad y el confort que le proporcionaba aquel muro, que tanto había tardado en construir.

      Un día de aquellos, en que paseaba por los límites del muro, le pudo la curiosidad. Decidió saltar al otro lado. Pensó que de esa forma podría volver sin problemas a su refugio, sin necesidad de romperlo. Cuando se encontraba arriba, para saltar al otro lado, observó que más gente hacía lo mismo. No sólo hacia un lado, sino que también saltaban hacia el otro.

      Descubrió entonces que llevaba demasiado tiempo disfrutando, tan sólo, de una mitad de su vida.

(Inspirado en la frase de Ángeles: “Aquel muro le impedía la visión” para El Cuentacuentos)

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