29 de septiembre de 2010

Al otro lado



      Aquel muro le impedía la visión. No se trataba de un muro de ladrillo, ni de cemento; era un muro invisible que se había formado a raíz de sus dudas y sus miedos.

      En su lado del muro controlaba su vida a su antojo. Guardaba una distancia prudencial con lo desconocido e imprevisible, y ello le proporcionaba seguridad para tomar sus decisiones. Al otro lado del muro se encontraba todo aquello que consideraba inestable, oculto e incontrolable.

      Sin embargo, cada día, se paseaba por las inmediaciones de aquel muro. Era como una tentación que no podía evitar, como una rutina ineludible. A veces sólo se daba una vuelta para asegurarse de que el muro permanecía ahí. Otras daba un paso más, y se ponía de puntillas para asomarse por encima de él. Pensó en abrir un portillo para salir y entrar libremente; pero tenía miedo de que al hacerlo, se quedase abierto y no pudiese recuperar la estabilidad y el confort que le proporcionaba aquel muro, que tanto había tardado en construir.

      Un día de aquellos, en que paseaba por los límites del muro, le pudo la curiosidad. Decidió saltar al otro lado. Pensó que de esa forma podría volver sin problemas a su refugio, sin necesidad de romperlo. Cuando se encontraba arriba, para saltar al otro lado, observó que más gente hacía lo mismo. No sólo hacia un lado, sino que también saltaban hacia el otro.

      Descubrió entonces que llevaba demasiado tiempo disfrutando, tan sólo, de una mitad de su vida.

(Inspirado en la frase de Ángeles: “Aquel muro le impedía la visión” para El Cuentacuentos)

28 de septiembre de 2010

Mi primera vez



Cuando todo había terminado, me sentí tan relajada que no me hubiese importado permanecer allí un poco más. Al principio sentí miedo, quizá me sentía insegura por ser la primera vez. Él me dijo que me tomase mi tiempo, que todos pasábamos por ese instante en el que piensas que no vas a ser capaz, y se te seca la boca por la tensión acumulada.

Nos miramos, yo para preguntarle con la mirada si había llegado el momento, y él para responderme que sí.

Bebí un sorbo de agua y expuse mi trabajo ante mis compañeros con total fluidez.

(Micro 100 palabras sobre "Mi primera vez en algo..." para Nuncajamás)

27 de septiembre de 2010

Senderos de papel (Cap. III)

El mundo a sus pies

      ―Hola mamá, no sé si voy a poder hablar mucho contigo, es que estoy en una cafetería y he quedado para tomar café con Israel. No me apetece que siempre se trague nuestras conversaciones.
      ―Hola hija, parece que nunca doy con el momento acertado ¡Mira que eres arisca! Cuando no estás en el trabajo, es que no estás sola...
      ―Lo siento, ya sabes que soy un poco brusca pero es que la vida aquí es mucho más ajetreada que allí. Aquí se vive con un cronómetro insertado en la cabeza.
      ―¡Qué tonterías tienes Adela! ¿Y qué tal en la oficina, que nunca me quieres contar nada?
      ―Todo bien mamá. No te cuento nada para no aburrirte. Allí como siempre, todo el día de papeleos, llamadas... ¡Es un no parar! ¿Y por allí qué tal?
      ―Todos bien. La abuela te manda un beso. Y dice que te cortes un poco el pelo, que cuando estuviste aquí te vio más flaca y con el pelo tan largo ni se te ve la cara. Tu prima dice que la próxima vez que vengas, se va contigo unos días y te hace compañía.
      ―Ya le dije que eso no va a poder ser. Dejé el apartamento y vivo en otro con más gente, somos cuatro personas viviendo en un piso de tres dormitorios ―pensó que con su prima allí, le resultaría imposible seguir manteniendo la farsa sobre su trabajo―. Además yo casi no paro en casa, estaría sola todo el día.
      ―Pues que duerma contigo. Total por unos días, hija, y con la ilusión que le hace ir a verte. Habla con esa gente, que ya verás cómo no les importa, y te mando con ella unos dulces caseros para tus compañeras de piso.

24 de septiembre de 2010

Senderos de papel (Cap. II)



La chica de los ojos cerrados

      Tres pequeñas gotas de agua aterrizaron en la mano que sujetaba el arco de su violín, formando parte del preludio que abordaría a aquella tarde de frío invierno. Se había formado un pequeño grupo de gente a su alrededor. Mientras tocaba el primer movimiento del otoño, del gran maestro Vivaldi, un señor con un sombrero negro y bastón, se acercó y depositó unas monedas, con tan mala suerte que dos de ellas rodaron fuera de la funda del violín que el músico había colocado a modo de arca. El desconocido echó un vistazo a su alrededor, y al no ver el paradero de las monedas, hizo un gesto al músico de resignación, a lo que el músico contestó con un guiño y una enorme sonrisa.

      Él sí tenía perfectamente localizadas las monedas. Habían ido a parar a los pies de una joven que llevaba más de quince minutos escuchando su música. La había visto varias veces pasar delante con un paraguas rojo colgado del brazo y un abrigo marrón. Paseaba sin rumbo fijo, iba y venía, y se paraba en el estanque a observar las barcas con la mirada perdida. En algún momento la vio sonreír a un niño que pasó por su lado. Cuando se acercó a su escenario, delante de él pero en segunda fila, y dio comienzo el espectáculo musical, ella cerró los ojos y se deleitó con cada una de las notas que salían de aquella melodía cautivadora. Imaginó que tocaba para ella, sin saber que él así lo hacía.

      Llevaba casi un mes usando ese pequeño rincón del parque del Retiro para expresar sus emociones. Su instrumento preferido era el violín y la música que de él salía era su

Senderos de papel (Cap. I)

Senderos de Papel es el título de mi gran travesía en "Travesía literaria". La comencé en marzo, y aún estoy atascada más o menos por la mitad. He decidido ir publicándola para ver si así me obligo a arrancar de nuevo. Este capítulo está basado en una de las canciones que nos proponían, otros están basados en imágenes, pecados capitales, etc. Os dejo con el primer capítulo, y aunque cada uno tiene su título, todos pertenecen a la misma historia.


Cuando despierte

      Era la tercera entrevista que hacía esa semana. Llevaba más de tres meses en la ciudad y sólo había tenido suerte durante una semana en que la contrataron como personal de limpieza, sustituyendo una baja en unos grandes almacenes. También había conseguido un trabajo para los fines de semana como cajera en una gasolinera, y que aún conservaba. Subsistía con los pocos ahorros que su madre había podido darle cuando decidió marcharse de su pueblo, hacía ya casi cuatro meses, y el sueldo de los fines de semana que ascendía a un total de trescientos euros mensuales.

      Contaba las monedas que guardaba en el bolsillo derecho de su abrigo, decidiendo si invertirlas en un bocadillo o en fotocopiar su currículum vitae, pues las expectativas de que la llamasen para contratarla en la última entrevista eran prácticamente nulas.

      Volvió a casa en metro hasta Lavapiés. Cuando entró, dejó el abrigo en una silla, se sentó en ella y organizó las fotocopias del currículum vitae y los sobres en la mesa. El apartamento apenas tenía treinta metros cuadrados. Lo amueblaban una mesa, dos sillas, una cama

21 de septiembre de 2010

Pequeño cambio…



      Cuando me da por experimentar… mal asunto. ¡Tengo más peligro con el ratón que un mono con dos pistolas! Llevaba mucho tiempo cotilleando las nuevas plantillas de Blogger. Bueno, nuevas… llevan ya un montón de tiempo, pero yo seguía aferrada a mi antigua plantilla «Harbor». Así que hoy me puse a juguetear con el blog y a cambiarle de look en plan “probar y no guardar los cambios”… ¿Y qué ha pasado? Pues que le iba a dar a «ver blog» pensando que era una vista previa y le he dado al botón de al lado «aplicar al blog»… Después de entrarme los siete males, sabiendo que no podré recuperar mi antigua plantilla porque Blogger las ha quitado, he recapacitado y he pensado que quizá es cuestión de tiempo el acostumbrarme a verlo así… Al menos encontré un fondo que le va al título… ¿Quién no se ha encontrado alguna vez con «flare» en alguna foto a contraluz?  Tienen su encanto.

      Pues nada, que aquí la metepatas ha cambiado de look.

17 de septiembre de 2010

Maldita la gracia...

Lo que está escrito en otro color de fuente son enlaces

      Ahora escucho un ratito, cuando voy en el coche por las mañanas, el nuevo programa de radio de Europa FM: “Levántate y Cárdenas”. Hay una sección del programa que es sobre bromas. La del miércoles me hizo mucha gracia pues un tipo llamó a un sitio de esos de descargas de juegos para el móvil y se quejaba del servicio porque se descargó el juego de los SIMS y su muñeco no se levantaba de la cama. Por lo visto, le explicaba a la del servicio de descargas, había pasado el fin de semana con otra SIM dándole salami (palabras textuales) y llevaba dos días sin moverse. La del servicio de descargas se lo quitó de encima como pudo, diciéndole que buscase la solución por internet. Al día siguiente volvió a llamar, en esta ocasión se puso un hombre y el bromista, entre sollozos, le contó que quería poner una reclamación porque su SIM había fallecido. El del servicio de atención, impasible ante los lloros del cliente por la pérdida de su muñeco, le decía que no debía llorar por un juego, y terminó dándole largas como su compañera. Esta historia me hizo recordar esas denominadas "pruebas de amor" que yo definiría más bien como “putadas de amor”. En Youtube encontré unas cuantas de las que recordaba.

      Esta primera no es una prueba de amor en sí, se trata de una chica que llama a su novio para decirle (sin ser cierto) que le ha puesto los cuernos. El premío que conseguía ella por realizar la llamada era un mp3. Es un ejemplo de lo que te puede pasar, merecidamente, por jugar con fuego. El novio, aparte de llamarla golfa en directo, le confiesa las ocasiones en las que él le ha puesto la cornamenta a ella. No tiene desperdicio.

      Luego están las que realmente le quieren hacer la prueba al novio y, encima, para darle más morbo al asunto, usan a su mejor amiga como gancho. Este es un ejemplo de una tía embarazada cuya amiga le dice en directo a su novio que se ha enterado de que tienen problemas y que como a ella él le gusta desde hace tiempo, pues le apetecería tener una cita con él. El tío le dice que lleva tres meses sin sexo y le pregunta si están hablando de lo mismo. Lo más gracioso de esta historia es que cuando la novia aparece en escena, una vez lo tienen todo planeado los tortolitos con botella de vino incluida, el tío le suelta: ¡Te juro que no es lo que parecía! Muy bien campeón, ahí, negándolo hasta el final. Esta frase está claro que no es un mito ¡¡¡Se usa!!! Y cuando la gente la suelta ¿será porque entran en tal estado de shock que el cerebro reacciona pulsando el piloto automático donde se encuentra esta frase? ¿O es que realmente sienten que no es lo que parece porque se les baja todo el calentamiento de un plumazo? Y lo que también me pregunto es, ¿cómo habrá terminado la amistad entre esas dos mujeres? Porque si eres tan celosa como para llegar a ese extremo de poner a prueba, luego en frío te deberán comer los demonios pensando que tu chico se habría acostado con la “capulla” de tu amiga, que encima se le ha insinuado en tus narices y ante media España, ¡Y qué bien hizo el papel la jodía! ¿No sería que en el fondo le gustaba? A saber lo que habrá pasado.

      Y ellas tampoco se quedan atrás… Esta es una prueba a una tía que no tuvo sexo telefónico en directo porque la presentadora no le dio pie, pero casi. Eso sí, la tía con dos cojones, no dijo aquello de ¡esto no es lo que parece! Le soltó ¿Qué piensas pava, que voy a estar contigo de por vida? Aunque medio al final, se nota que va reculando.

      Luego está el caso de una tía que cuando termina la llamada te preguntas ¿Será que la tía quería dejarle y no sabía cómo? Porque el tío no entra en la broma ni de coña, se ve claramente que incluso se siente incómodo y molesto; pero la tía, sin venir a cuento, le deja...

      La verdad es que no entiendo cómo la gente se atreve a hacer cosas de este tipo, y la cara de tonto que se te tiene que quedar cuando te dicen que es una broma. Seguro que luego pensarán ¡Joder, encima que me pillan infraganti me quedo sin revolcón!

      Y no podía terminar sin recordar mi broma favorita de la radio. No tiene nada que ver con novios, pruebas de amor, cortar en directo (esto ya es para estudiarlo con un profesional delante). Mi favorita es la del chaval del Hispasat, a este chico deberían haberle dado un premio o algo, por Dios, si es que se tiran casi catorce minutos con la broma y no se puede tener más paciencia ni ser más salao. Son dos partes, quién no lo haya escuchado, este sí que merece la pena escucharlo.
Hispasat 1    

16 de septiembre de 2010

Comparando el mar


      Aquella tarde, sus aguas parecían las garras de una fiera enjaulada. Amenazando en cada impulso para hacerme caer de aquella roca. Me mantuve firme en mi puesto, desafiando sus lenguas de fuego sustituidas por gélidas aguas, de aquel gigantesco dragón que hacía tan solo unas horas, dormía plácidamente como una llanura en calma.

      Siempre me he preguntado qué secretos esconde el sonido del mar. Por qué hechiza los sentidos con el vaivén de sus aguas. Te atrapa con su murmullo infinito, incita a descalzarte y a jugar con sus embistes, como si fuera un niño travieso que te lanza la pelota y no puedes resistirte a pasársela.

      Un niño gigante y caprichoso que consigue seducirte con sus ojos tristes en los meses de invierno, y con su mirada radiante en los días más soleados. Te enreda en sus aguas con su juego de oleaje, meciéndote con sus enormes manos, y olvidando, en ocasiones, su fortaleza;  dejando tu cuerpo exhausto por el forcejeo de su efusivo abrazo, hasta que logras escapar y descansar en la orilla; bajo la atenta mirada del sol, siempre cómplice de su recreo.

      Aquella tarde, el mar estaba enfurecido y colérico, quizá cansado y aburrido de jugar solo en la playa, en aquel frío día de invierno.

15 de septiembre de 2010

¡Trágame tierra!



      Íbamos paseando por el campus universitario camino del autobús. Hacía unos seis meses desde que nos habíamos conocido, a principios de curso. Ella se sentó a mi lado en clase y enseguida surgió nuestra amistad. Al principio era muy comedida en sus comentarios, y ello hacía que me sintiese cómoda charlando con ella; pero poco a poco se fue soltando y no tardó en sacar a relucir su escondido egocentrismo y sus aires de protagonismo. Siempre recriminaba que me mantuviese en segundo plano en las conversaciones; pero en el fondo le encantaba que así fuese y poder ella manejar todos los hilos de nuestra amistad a su antojo. La nuestra y la de todo el grupo, claro.

      Lo que más le gustaba, era airear los trapos sucios de los demás. Y disfrutaba cuando era testigo de esas meteduras de pata típicas que cuando las cometes te hacen decir: ¡Trágame tierra! Recuerdo una vez que salíamos de una tienda, y sin darme cuenta de que la puerta era de cristal, me empotré con ella de bruces y sangré por la nariz. Ella estaba ahí, partida de la risa, mientras me asistían las dependientas que se llevaron un buen susto por el sonoro impacto. Al salir me dijo: ¿Pero es que no sabes mirar por dónde vas? Mañana se van a partir cuando lo cuente en clase. Y seguía riéndose a mi costa.

      En otra ocasión, íbamos tan tranquilas por la calle comiéndonos un helado, y de una de esas rejillas del metro salió una bocanada de aire que me levantó la falda que llevaba, dejando todos mis secretos a la vista. Ya me hubiese gustado adoptar el estilo Marilyn , pero no, lejos de parecerse, aquello fue lo más ridículo que me ha pasado en la vida, pues la falda era más corta que la suya y era más difícil dominarla. El helado que llevaba en la mano acabó rebozándose por todas partes, y los libros de clase esparcidos por el suelo. A ver quién tenía agallas a meterse de nuevo en la rejilla para recogerlos. Al día siguiente mi queridísima amiga, hizo un análisis pormenorizado de la escena, ridiculizándola todo lo que pudo si es que aquello era posible…

      Así que hoy, nada me ha impedido disfrutar y deleitarme del magnífico espectáculo que he encontrado, cuando mi amiga del alma ha salido del baño, y he visto que llevaba su falda metida dentro de las medias. La panorámica de su trasero, digamos que no era lo más glamuroso que se haya visto por el campus. Cuando caminaba a mi lado, ignorante de su pequeño despiste, comentaba:

―Hoy voy mona ¿verdad? Noto que soy el centro de las miradas.
―Sí, sí, muy mona, dónde va a parar ―le contesté―. Disfruta del éxito antes de que te apetezca enterrar la cabeza en un hoyo…
―¿Cómo dices?
―Nada, nada, tonterías mías. Sonríe que por ahí viene ese chico de tercero que tanto te gusta.

(Inspirado en la ley de Murphy: "La estupidez de tu acción es directamente proporcional al número de personas que te esté observando en ese momento")

10 de septiembre de 2010

Aquel profundo sueño


      A pesar de su actitud decidí seguir la relación con él. Realmente, a aquello que teníamos no se le podía llamar relación. Nunca tuve claro qué nos impulsaba a estar cerca. Éramos  muy diferentes, al menos aparentemente diferentes. Cuando nos conocimos, era como si cada uno estuviese hecho de un elemento químico opuesto al del otro.

      Después del primer contacto, parecía que todo fluía en perfecta sincronía, como si las palabras de uno saliesen de la boca del otro, para regresar por los oídos del primero y ser guardadas en la mente del segundo. Nuestros elementos habían formado una disolución adecuada, un perfecto equilibrio químico.

      Si hubiésemos sabido cómo terminaría aquello, es posible que ninguno se hubiese aproximado al otro. Habríamos caminado, sin más, por nuestra trayectoria, sin volver la mirada ni pararnos a pensar. Un cruce sencillo, sin brisa ni movimiento, sin un roce invisible que levantase el vuelo de una semilla de diente de león; un cruce vacío.

      La actitud de él, con el paso del tiempo, se transformó en inercia, y fue languideciendo hasta reducirse a la nada. Mientras tanto la mía comenzó a adormecerse al compás de la suya, para sumirse en un profundo sueño del que se revolvía cuando se enfrentaba a los recuerdos.

      No tuve otro remedio que despertar de aquel profundo sueño, sintiendo que, aunque había pasado mucho tiempo, incluso años, aquellos recuerdos no desaparecían. Se habían engranado a mí como una segunda piel, impermeable a la lluvia, implacable al sol, resistente al viento…

      No tuve otro remedio que despertar de aquel profundo sueño y despertarlo a él.

(Inspirado en la frase de Catherin: "A pesar de su actitud, decidí seguir la relación con él" para el cuentacuentos)

8 de septiembre de 2010

Los niños de hoy...



      Muchas veces hemos recibido correos con presentaciones en PowerPoint de comparativas con los tiempos de antes, incluso anuncios de televisión, y nos hemos sentido orgullosos de ser treintañeros o cuarentones, y de haber sobrevivido a todas aquellas inclemencias de nuestra infancia, donde si seguimos vivos es por pura casualidad. El otro día me contaba mi marido, entre orgulloso y aterrado, sus hazañas en bicicleta por “El caminito de la muerte”, así lo habían bautizado. Un camino de medio metro de ancho, cuyo borde interior era una roca vertical, y el exterior un precipicio de quince metros ¡Pá haberse matao! Estas anécdotas me hacen plantearme serias preguntas ¿Seré capaz algún día de dejar a mis hijos ir solos con la bici? O lo que es peor… ¿Les dejaré salir solos aunque sea a pie? Supongo que sí, no creo que vaya a ser una madre coñazo de por vida, pero me aterra la idea, será porque aún son pequeños…

      No era esto lo que quería contar, sino lo sibaritas que se han vuelto ahora los niños, al menos los míos. Anoche le doy una rodaja de sandía al pequeño, 3 años, y me dice que esa sandía no le gusta, porque tiene “pititas” (¡Pero niño, la madre que te parió!)

7 de septiembre de 2010

Mi mundo

                                             mi mund

Nunca he conseguido que mi mundo gire a la velocidad establecida.
Ni que lo haga en el sentido habitual de rotación.
Su ritmo es inconstante y contradictorio; unas veces gira como las agujas de un reloj, otras retrocede como una manecilla loca, y otras, simplemente, se desprende y se precipita, como los granos de un reloj de arena.
Sin un soporte donde agarrarse, ni una muesca en su inmaculado cristal; mi mundo cae esperando que el reloj dé la vuelta o se transforme en un reloj solar.
Mi mundo a veces es grande y compartido; otras veces es pequeño y secreto. Viste miles de colores cuando se despierta con sonrisas, y pierde sus tonos cuando se envuelve en melancolía. De la misma forma enciende y apaga sus luces, siempre guiado por las sensaciones que despiertan su nuevo día.
No sé si el resto de los mundos son como el mío.
Un mundo que vive soñando en su vida,
con la esperanza de algún día, estar viviendo en su sueño.


6 de septiembre de 2010

De miedos irracionales...




      No soporto las películas de miedo. Bueno, no es que no las soporte, me encanta verlas, lo que no soporto es el después, suelo tardar muchísimo tiempo en olvidarlas y, lo peor de todo, soy totalmente irracional en este asunto… Ejemplo: Hace muchos años, cuando se estrenó la película de “El sexto sentido” trabajaba en un laboratorio fotográfico. Recuerdo que al día siguiente de ver la película estaba yo muy contenta porque, dentro de lo que cabe, no estaba tan acojonada como suelo estar cuando veo una peli de este género. Así que todo fue a las mil maravillas hasta que me tuve que meter en el cuarto oscuro para cargar la bobina del rollo de papel fotográfico… En la mitad del proceso, no sé por qué estúpida razón, me dio por pensar en la película que había visto y en que, lo mismo, algún muerto podría estar a mí lado allí mismo, haciéndome compañía en el cuarto oscuro… ¿Qué pasó? Pues que me entró tal pánico, que no tuve más remedio que encender la luz y velar todo el rollo de papel fotográfico que aún no había terminado de cargar... Si es que no hay nada peor que la sugestión. Otro ejemplo es que cuando duermo sola, soy incapaz de dormir de espaldas a la puerta, tengo que tener la puerta controlada, sobre todo desde que vi “El Orfanato” y a Belén Rueda se le deslizó un espíritu dentro de las sábanas. Vale que era el de su hijo, pero aún así, eso acojona.
      Cuando tenía perro me sentía más tranquila, porque si escuchaba un ruido y el perro permanecía tumbado, sin inmutarse, eso era que el ruido procedía de fuera de casa… Aunque el perro también era un arma de doble filo, porque si yo no escuchaba nada pero le veía con las orejas en punta, mirando atentamente hacia una pared en blanco… me acojonaba pensando en ¡¡¡qué demonios estaría viendo el maldito perro que me estaba poniendo atacada de los nervios!!!
      Una de las películas que más miedo me han dado y que más he tardado en olvidar, ha sido “The ring”. Recuerdo que cuando la vi estuve una semana pegada a mi marido, como si fuese su sombra. Si sonaba el teléfono por la noche me sobresaltaba y lo cogía esperando que alguien al otro lado, con la voz de la niña del exorcista, me dijese: ¡Te quedan siete días! Suelo negarme a ver estas películas, pero mi marido me convence diciéndome: No seas tonta, mujer, si yo estoy aquí contigo. Pero él no cuenta con el plazo que yo tengo de retención de la película.
      Un día, había pasado ya tiempo desde que la vi, me encontraba sola en casa. En esa época vivíamos en una casa con tres semiplantas y nuestro hijo dormía en la más alta. Así que, por las noches, le poníamos un intercomunicador para escucharle si lloraba. Esa noche estaba yo tan tranquila en el salón viendo la televisión y, de repente, escucho a través del intercomunicador: ¡Mami! ¡Mami! Esto puede parecer que no tiene nada de particular, a no ser que os especifique que mi hijo por aquellas fechas tenía tan sólo siete meses… y no era superdotado. Os podéis imaginar mi estado de terror mientras subía las escaleras, ya me imaginaba al niño de pie en la cuna, columpiándose en el carrusel musical de luces nocturnas, y echando puré verde por la boca mientras giraba al ritmo de la melodía. Me armé de valor y abrí la puerta, el niño dormía plácidamente. Así que bajé pensando que quizá se trataba de una de mis sugestiones y me lo había imaginado. No me había sentado aún cuando vuelvo a escuchar un llanto, y otra vez al niño llamando con una perfecta dicción ¡Mami!. Ahí se me pusieron los pelos de punta y no pude por menos que imaginar a la niña del camisón blanco y el pelo negro peinado hacia adelante, pegada a la cuna de mi hijo y que era la que realmente me llamaba… Llega a ser el hijo de otra, y yo creo que hubiese salido corriendo de mi casa a esperar a mi marido fuera, pero como se trataba de mi hijo, le eché valor y volví a subir las escaleras. Abrí la puerta con ímpetu, cogí al niño que seguía durmiendo como un cachorro, y lo desperté con un sobresalto por mi entrada a la desesperada. Salí corriendo escaleras abajo, que no sé ni cómo no nos matamos, y me senté en el salón con él en brazos. A los dos minutos oigo de nuevo lo de ¡Mami, mami! por el intercomunicador. Así que ya aquello me pareció más sobrenatural que nunca… Me disponía a salir a la calle, por si la niña del camisón se decidía a bajar las escaleras para atacarnos, cuando escucho a través del aparato la voz de una señora diciendo: ¡Venga, duérmete! ¿Quieres agua? A los pocos minutos llegó mi marido, que se tronchó de risa, y nada más empezar a contarle la historia, poniéndole todo el énfasis y misterio que me había producido el suceso, me suelta: Se te ha acoplado el intercomunicador, ¿no?

      Pasé el resto de la velada cabreada como una mona, por el mal rato que había pasado, por mi torpeza de no haberme dado cuenta del acoplamiento y por su comentario en plan “listillo”.

4 de septiembre de 2010

El niño que perdió su sombra



      Cuando perdió su sombra, no se lo contó a nadie. Tenía miedo de que todo el mundo se fijase en él y le mirasen como a un bicho raro. Era un niño muy tímido y más maduro de lo que le correspondía por su edad. Pensó que si caminaba por la calle, por el lado donde daba la sombra de los edificios, nadie echaría en falta la suya. Se preguntó dónde habría ido a parar. Nunca había hecho nada parecido, a pesar de que millones de veces, había jugado a pisarla y a librarse de ella, sin éxito.

      La sombra, por su parte, se encontraba paseando por las calles de su barrio. Se distraía jugando en los parques y hablando con todas las sombras que se cruzaba por el camino. La noche era el momento cumbre para las sombras sin cuerpo, las calles y parques rebosaban de ellas. Era una sombra muy extrovertida, y no le daba miedo

3 de septiembre de 2010

Terapia de grupo

       


      Participo en un reto que ya por su título me llamó la atención “Terapia de grupo”. Se trata de escribir sobre nuestros defectos en plan: Hola soy fulanito... y en 200 palabras. El problema es que hay que hacerlo sin las conjunciones: «y»«e»«ni»«que»
Me pareció interesante publicarlo aquí, y de este modo dar por reconocidos mis defectos.  Aunque ha sido muy tacaña la jefa organizadora, porque en 200 palabras es difícil meterlos todos, sin sonar a la lista de la compra pegada en el frigorífico con un imán...

    




      Mi nombre es Sara. Mi mayor defecto es el despiste. Cuando me presentan a alguien, si me lo encuentro días más tarde, no suelo reconocerlo ni tampoco saludarlo. También me pasa con los vecinos: en el ascensor saludo, pero en el supermercado ya no los identifico como tal, son caras conocidas pero no sé si de haber hecho la compra más veces allí, más de uno me toma por estirada. Una vez me crucé en Carrefour con Chiquito de la Calzada, le dije ¡hola! dudando si era vecino porque me sonaba su cara, para limpiar mi imagen de antipática.

    Soy demasiado charlatana, sobre todo si estoy cómoda; aquí es difícil mantener un diálogo conmigo, no dejo meter baza a mi interlocutor, si no anda listo puedo hablar por encima de él.

    Cuando discuto, me gusta tener siempre la razón. Si no la tengo, siendo consciente de ello, lo acepto; pero si no lo soy, le doy mil vueltas a la tortilla hasta hacerme con ella. 

    También odio contradecirme, ello me lleva a intentar buscar mil argucias para no admitir haberme equivocado.

    El peor de mis defectos es el orgullo, a veces no me deja vivir tranquila.

    (Tengo más defectos, pero eran sólo doscientas palabras ¿no? Y si alguien se anima con los suyos y quiere airearlos, que no se corte, le presto un hueco en los comentarios para compartirlos).

2 de septiembre de 2010

Una vuelta al principio


Llega septiembre, la vuelta al cole, y en mis "letras que forman países", regreso a tierras africanas, precisamente abarcando ese campo, el periodo lectivo. Llevo tanto tiempo buscando información sobre Kenia, que a veces pienso que si un día tengo la oportunidad de viajar hasta allí, quizá me va a parecer que ya he estado...

        Aquel tipo llevaba un  buen rato observándome desde el otro lado del mostrador de recepción. Cuando me dirigía a la salida, noté cómo unos pasos se acercaban hacia mí. Me giré para comprobar que, efectivamente, aquel hombre alto me seguía con un gesto interrogante.

        ―Disculpe, llevo un tiempo observando que viene mucho por aquí y que realiza fotografías a nuestros clientes. No me parece mal, pero he recibido quejas por parte del personal del hotel sobre usted y sus actividades ―se tomó un tiempo para elegir el adjetivo adecuado―… fraudulentas.
        ―¿Fraudulentas?¿De qué demonios está hablando? ―le contesté, ofendida por aquel comentario.
        ―No me malinterprete, me refiero a cuando alquila un autobús y vende pases de excursión a nuestros clientes, a la mitad del precio que les cobramos nosotros.
        ―¿Y yo soy la fraudulenta? Menudos estafadores sois, no quiero ni imaginarme lo que costará alojarse aquí. ―el tipo se rió enérgicamente, quizás había dado en el clavo con mi comentario y en el fondo estaba de acuerdo conmigo. Tenía una dentadura perfecta, y unos ojos oscurísimos que se clavaban de una forma intimidatoria. A partir de ese momento cambió su semblante, y se tornó más amable.
        ―No hace falta que lo imagine, si la memoria no me falla, estuvo aquí alojada hace un tiempo, y por lo que veo aún recibe correspondencia. ―pero ¿qué estaba pasando aquí? ¿Se acordaba de mi estancia en el hotel?
        ―Veo que posee un gran control sobre el alojamiento del hotel, y una magnífica memoria. ¿Es usted el dueño?
        ―Sólo hago mi trabajo, además, no es fácil que pase desapercibida con esa exuberante melena rojiza que tiene. ―me quedé por un momento sin palabras y quizás lo notó, porque enseguida acudió en mi rescate.
        ―Esto no es una guerra entre usted y yo, pero como comprenderá, no puedo permitir que esto continúe. Las quejas vienen primero a mí, y si yo no resuelvo el problema, la solución la buscarán los de más arriba, y ellos no serán tan amables como yo, lo pondrán en manos de las autoridades competentes y asunto zanjado. Imagino que no dispone de ninguna licencia para el trabajo que realiza, ¿verdad?...
        ―No sé de qué trabajo me está hablando ―le contesté, un poco aturdida por lo que me planteaba―. Yo soy profesora en «Martinson Secondary School», y si no me cree, llame al director del colegio, él se lo confirmará.
        ―A ver, ¿puedo tutearte?
        ―Sí, claro, no hay problema.
        ―Acabo de verte haciendo fotos en la entrada. ―me anunció, sin poder reprimir una sonrisa un tanto burlona.
        ―Son para mi colección particular, es el hobby que tengo en mis ratos libres ¿Quieres saber también lo que hago los fines de semana o puedo marcharme ya? ―Aquella conversación se estaba alargando demasiado, y aquel tipo estaba empezando a ponerse un poco impertinente.
        ―Pues ya puestos, sí que me gustaría saber lo que harás este fin de semana, porque me gustaría invitarte a cenar. ―¿De qué iba todo aquello? Primero me sermoneaba por quitarle la clientela y después me invitaba a cenar…
        ―Sólo si me permites seguir haciendo fotos a tus clientes. Las excursiones quedan canceladas de mi vida laboral. Total, eran tan tiradas de precio que no salían muy rentables.
        ―Sólo si me mantienes al margen ―contestó él―. Yo no sé nada de esas fotos, para mí eres una turista que hace fotos por hobby, y jamás hemos llegado a este acuerdo.
        ―Trato hecho ―le contesté, sin entender muy bien por qué me apetecía quedar con aquel tipo.
        ―¿Te viene bien el sábado a las diez?
        ―Perfecto ―Y me alejé, guardando la carta que Jimmy me había entregado.
        ―¿Dónde vives? ―Me preguntó, alzando un poco la voz para salvar la distancia.
        ―Pasaré yo a buscarte por el hotel. ―no me apetecía que un desconocido supiera mi dirección, primera norma de una soltera que vive sola.
        ―Es la primera vez que una chica me recoge para una cita.
        ―Es la primera vez que tengo una cita con un tipo del que no conozco ni su nombre.
        ―Tuebe, mi nombre es Tuebe.



        Llevaba dos horas en la puerta del «Protea Hotel Cairo Road», haciendo fotografías a los

    1 de septiembre de 2010

    Seis meses en mi blog



    Ayer fue un día muy especial en “mi mundo bloguero” pues era Blog Day 2010 (yo tampoco tenía ni idea de lo que era, no os preocupéis) y Markos, un bloguero que me encanta por su ironía, sutileza y ocurrencias divertidísimas, recomendó mis sueños a contraluz. Lo que más me gustó de su gesto, a parte de sus palabras, fueron sus motivos, dijo algo así como que los que empezamos en este mundo del blog, somos los que más necesitamos una palmada en la espalda para seguir adelante, y tiene toda la razón, es una forma de decirnos: Oye, ni se te ocurra dejar abandonado tu blog, me gusta y merece la pena darse una vuelta por aquí.

    Lo que os he contado, me hizo reflexionar sobre cuándo se me ocurrió escribir este blog. Y dándole vueltas al asunto, me di cuenta que ya llevaba seis meses en este mundo blogueril. Recuerdo que hace seis meses, no tenía ni idea de lo que era un blog, había oído lo de los blogs, pero no tenía muy claro el concepto. La cabeza me hervía con unas cuantas anécdotas que contar, y se me ocurrió utilizar las notas de mi facebook, al estilo blog. Un día googleando, me topé con blogger y un montón de blog-directorios, y según los iba visitando, más embriagada me sentía con la idea de crear uno propio, así que le di a acceder y me pidió un nombre, ese salió solo “Sueños a contraluz” y me traje los escritos de mis notas.

    Los textos que ya tenía escritos en facebook, no me costó ningún trabajo publicarlos. Eran textos que ya habían sido leídos allí, y me sentía segura con ellos. Recuerdo que al principio, cada vez que escribía algo, no me atrevía a publicarlo así sin más, necesitaba que algún conocido lo leyese antes, tenía miedo escénico (si eso se puede aplicar a la escritura) y necesitaba escuchar: Sí, publícalo, está bien. Sin embargo, soy una persona muy cabezona, y más de una vez me sorprendí publicando después de escuchar: Esto es una cursilada… Quizás estaba perdiendo el miedo escénico y me valía que a mí me gustase. Ahora cuando publico, no le pido consejo a nadie, es más, a veces publico tostones que hasta a mí me lo parecen, pero no me importa, la vergüenza me la dejé en alguno de los contraluces de mis sueños.

    Seis meses más tarde del nacimiento de mi blog, siento que este mundo ha pasado a formar parte de un rinconcito muy importante de mi vida. Un rinconcito donde soy como la protagonista de la canción que canta Coque Malla en el anuncio de Ikea, ¡Yo soy la reina con mi bandera!... aquí hago, deshago, decido, pienso y digo, lo que me da la real gana, sin rendir cuentas a nadie… Aquí cuento mis anécdotas y me rio de ellas a mis anchas.

    Gracias a todos los que de vez en cuando, os dais un paseo por mis palabras y me dejáis las vuestras. Y también por hacerme sentir que algo de lo que escribo, merece la pena.

    Gracias Markos, ya te advertí que utilizaría todos los formatos.