7 de julio de 2010

Latente


      Había escuchado muchísimas veces la palabra latente antes de prestarle la más mínima atención. Para mí era lo mismo que escuchar lenteja o libélula, una palabra sin más. La primera vez que tuve consciencia de ella fue hace muchísimos años, en una clase teórica de fotografía. Nos explicaban que en una película o papel fotográfico, la imagen formada después de la acción de la luz y antes de entrar en contacto con el líquido revelador, se considera imagen latente, y por tanto invisible para nosotros. Fue ahí donde pensé: latente, ¡qué  bonito! Es una imagen secreta, escondida... Recordé las veces que había ido a la tienda de revelado con un carrete en la mano y sin pensar en esa palabra tan especial, no me daba cuenta de que llevaba la mano llena de imágenes latentes y sin embargo ahí estaban. Todavía fue más fantástico cuando vi la transformación de la latencia con mis propios ojos, la primera vez que introduje un papel fotográfico dentro de una cubeta con líquido revelador y apareció esa imagen que hacía tan sólo un momento no existía para mis ojos, sino que permanecía dormida plácidamente sobre el papel. 

      Imagino que ahora que la fotografía química ha pasado a la historía y el mundo digital ha ocupado su lugar, el mundo ha perdido millones de imágenes latentes. Es mucho más práctica la era digital, eso no lo voy a discutir, ahora haces veinte disparos tranquilamente y sabes si tienes una fotografía buena sobre la marcha; pero también se ha perdido aquella incertidumbre o incluso factor sorpresa, cuando revelabas tus fotos y encontrabas una que ni recordabas haber hecho, había permanecido latente para darte una sorpresa.

      Esta palabra ha vuelto a mi cabeza hace unos días, cuando la utilicé en el anterior relato para referirme a los sueños. Me encantó utilizarla, no sé si es una palabra que se puede utilizar para todo lo que uno quiera, pero yo pienso hacerlo.

      En el diccionario encontré calor latente, esto ocurre con ese calor que produce los cambios de estado, sólido a líquido, líquido a gaseoso; me parece que sigue siendo preciosa la palabra también aquí. Otra que encontré fue dolor latente, no es agudo pero es sin interrupción, y aun así me parece un dolor poético.

      Algunos recuerdos también me gusta definirlos como latentes, esos que sabes que están dentro de tu cabeza, pero que sólo los despiertas cuando te apetece o cuando se desvelan por la acción de algún componente externo como una canción, una frase, un perfume, un sabor...

      No sé si para las relaciones entre las personas cabría la posibilidad de poder usarlo, una relación latente podría ser entonces aquella que está aparentemente inactiva hasta que un día, bien por unas condiciones favorables o por pura casualidad, vuelve a brindarse.

      Hay temas en los que no me gusta pensar, pero ahora se me plantea la duda de si cuando la gente se va de este mundo, su alma adquiere un estado latente, y permanece así hasta que un efecto que no sé si llamar físico, químico o mágico, les transforma en otro estado distinto al inicial. Aunque soy más partidaria de creer que se trata de una latencia infinita y para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario