10 de julio de 2010

El chico del vaquero y la camisa blanca


      Pensó abrigarse más, el norte de Europa a principios de Marzo sigue siendo frío. Sin embargo era muy supersticioso y decidió no hacerlo, al fin y al cabo recordaba claramente que siempre habló de unos vaqueros y una camisa blanca, cuando meses atrás se lanzó a un juego de destinos, deseos y casualidades.

      Caminaba por las calles adoquinadas de la ciudad aterido de frío, las manos en los bolsillos y pensando que de aquella noche sólo iba a sacar una decepción y posiblemente un fuerte resfriado. A pesar del frío el trayecto se le hizo bastante corto, y por un instante pensó que o bien el frío había afectado a su sentido de la orientación, o bien estaba tan absorto en tratar de encontrar una explicación a qué hacía allí, que se había confundido de calle. Sin embargo, se dio cuenta de que ni una cosa ni la otra. Donde buscaba un pequeño restaurante que conoció tiempo atrás hoy se levantaba una pequeña tienda de libros viejos.

      No pudo evitar soltar una carcajada, sin duda era un final muy apropiado, ahora podría decir que sólo el “destino” era el culpable de que nunca se hubiese producido esa cena.

      Decidió, pasar a la tienda y por lo menos entrar un poco en calor. Nada más entrar reconoció perfectamente el lugar, prácticamente no había cambios. Era como si un día se hubiesen dejado de servir cenas por falta de clientes que supieran disfrutarlas, y los viejos libros que contaban historias se hubiesen apoderado del lugar. Al fondo, sobre lo que en su día fue la barra, se encontraba un hombre mayor con una larga barba cana y una lupa de relojero colocada en el ojo izquierdo, que hacía que pareciese que tuviera un ojo 10 veces más grande que el otro. Estaba restaurando un viejo ejemplar en italiano de “Romeo y Julieta” y parecía no haberse percatado aún de su presencia.

      No había dado todavía un paso, cuando el viejo levantó la vista, se levantó, le ofreció un jersey de lana y le dijo:

―Arrivare in tempo e freddo come il ghiaccio, ha detto. Vai alla schiena, si aspettano la ragazza in abito verde. Poi li servire la cena: penicci al forno.*

*(―Llega puntual y helado de frío, tal y como predijo que sucedería  la chica del vestido verde. Por favor pase a la sala, ella le espera para la cena. El asado de perdiz está listo)

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