19 de junio de 2010

Historia de una cabina...

    Nunca me he considerado torpe con las nuevas tecnologías, pero ahora tengo serias dudas después de lo que me pasó esta mañana...

    Salgo de casa con el bolso lleno de artilugios, menos el teléfono móvil que se estaba  cargando. Como iba a un parque que está muy cerca, no me preocupó demasiado su falta. No llevaba media hora fuera de casa, cuando me doy cuenta de que necesito hacer una llamada, suerte que era a casa porque es el único número que sé de memoria a parte de mi DNI y alguna que otra fecha de cumpleaños. 

    Divisé una cabina telefónica a cien metros, cosa que me chocó porque pensaba que ya estaban extinguidas, y eso que paso cada día por su lado, debe ser que forma parte de mi paisaje cotidiano, al estilo árbol.

    Como no llevaba monedas pequeñas metí una moneda de euro que salió rodando por la ventanilla del cambio. Entonces miré fijamente al aparato y me di cuenta que ya no era como yo lo recordaba: auricular, ranura de moneda, teclado y ventanilla para el cambio (que nunca te devuelve); este sofisticado equipo llevaba una pantalla de navegación con sus múltiples teclas de flechas de direccionamiento y de selección. Seleccioné "llamar utilizando moneda", tardé unos cuantos minutos en averiguar cuál era el botón de seleccionar, ni un intro, ni un ok... era en la letra pequeña de la pantalla donde se encontraba la solución del jeroglífico... Cuando me pidió el número lo marqué, pero en ningún momento el auricular me dio señal... Pulsé todos los botones posibles, negro, verde, flecha de arriba, de abajo, de los lados, volumen, botón de devolver la moneda... La moneda empezó a descontar céntimos pero allí no contestaba nadie. Volví a repetir la llamada siguiendo los pasos uno tras otro, pero sin ninguna fortuna, allí ni señal, ni voz, ni la madre que lo parió ¡Pero la moneda se la ventiló enterita!.

    Desistí de la llamada, no era plan de regalarle otro euro a Telefónica, bastantes las pesetas que se llevó de mi bolsillo en su día con las vueltas robadas... y me fui con un cabreo de tres pares de narices...

   ¡Que tengo un teléfono de última generación por Dios y sé navegar por Internet con él y conectarlo a la wifi... cómo narices no sé manejar ahora una cabina telefónica! Pensaba mientras me alejaba de aquel aparato del demonio.

    Al rato llegó mi marido y le pregunto:

¿Ha sonado el teléfono de casa?
Sí, cómo lo sabes, ha llamado una loca dos veces, que encima se le oía despotricar y no me decía nada, hablaba sola...

2 comentarios:

  1. Anónimo20/6/10

    jajaja, q bueno!!peero casi que ir directamente a tu casa era más rápido, cómodo y barato, jejeje
    Cris

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  2. Lo que me hubiese salido más cómodo y barato hubiese sido llamarte a ti por la terraza, al estilo trovador o componente de la tuna y pedirte que me hicieses las llamadas pertinentes... tu casa me pillaba aún más cerca :P

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