15 de junio de 2010

El Capricho




      Respiraba con agitación por la carrera. Cuando llegó a la puerta del parque, casi sin aliento, un vigilante le anunció que ya estaban cerradas sus puertas, pues el horario de invierno había entrado en vigor y otro vigilante se encontraba dentro haciendo la ronda de desalojo. Sólo le quedaba esperar fuera a su acompañante.

      Ella le esperaba dentro con impaciencia, frotando sus frías manos y paseando de un lado a otro del punto de encuentro. Era la primera vez que se verían a solas y para ello habían elegido un parque llamado El Capricho. La escena se situaba en una tarde fría de finales de otoño. Las hojas de los árboles revoloteaban por el suelo al compás de la brisa, formando una alfombra viviente y mezclándose caprichosamente unas con otras. Los cisnes y patos del estanque, nadaban las gélidas aguas de los riachuelos que recorrían en parque, acostumbrados e inmunes a la presencia de la intrusa que vigilaba sus movimientos con los pensamientos en otro lugar.

      Empezó a impacientarse por la tardanza de él, las dudas comenzaron a formar parte del paisaje que se volvió inquieto por momentos. La brisa que antes le había parecido encantadora y sutil, se le antojó ahora furiosa. Decidió despojarse de los pensamientos negativos. Se relajó y paseó los alrededores del palacete. Se regocijó fantaseando con las fiestas que habrían sido disfrutadas en otra época de esplendor, en aquel hermoso salón de baile, con su riachuelo alrededor. Estaba segura de que no existía en aquella ciudad, un paraje más romántico que el que se encontraba ante sus ojos, iluminados por un momento con las luces que imaginaba y la música de aquel vals que sonaba en su cabeza. Envidió a aquellas damas que bailaban ante sus ojos, ataviadas con aquellos vestidos de princesa de cuento y admiradas por los caballeros que tenían a su alrededor.

      La voz de un vigilante hizo que despertara de su ensimismamiento, no podía creer que cerrasen el parque y haber sufrido semejante plantón. Mientras seguía de cerca al vigilante, una mano salió de entre unos arbustos que tiró de su brazo y le tapó la boca con la otra, haciendo que se perdiesen entre los pasillos de aquel laberinto de vegetación.

      No hubiese imaginado mejor final para aquella cita. Cuando sus ojos se encontraron no hubo lugar para las palabras, creyó ser una de aquellas damas del baile que había salido a dar un paseo para tomar aire y había sido abordada por el caballero más apuesto de la fiesta, y que le robó el primer beso de aquella hermosa cita de una tarde fría de otoño. El manto de hojas acompañó ese vals que seguía sonando en sus cabezas, ajenos al cierre de ese jardín  que esa tarde fue sólo para ellos. 

Escrito para "El paisaje romántico" de la Travesía literaria

4 comentarios:

  1. Ayyyy qué bonito^^ Casi se podían tocar las hojas =)

    Besotes^^

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  2. Pues lleva un montón de días escrito, pero entre el estrés del Pais de las letras y unas cosas y otras, casi se me queda archivado sin publicar... Se me acumula el trabajo xD ¿Tú no te animas, con lo bien que se te dan las descripciones?

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  3. Bonita historia romántica...qué curioso...vengo de un blog en el que he leído una cosa (que no puedo decir)...leo esto en el tuyo... que intriga...a ver si mañana cuelgo un relato corto que acabo de terminar y que creo que te gustará.

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  4. Tú sabes que me has dejado igual que estaba ¿no? jajajaja... ¡¡¡Vaya secretismos te traes!!!... Si mañana sigues intrigado llamamos a Holmes para que investigue el caso :P

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