17 de junio de 2010

Conexiones


      Hacía cuarenta años desde la última vez que se vieron. En aquella época aún eran jóvenes y les quedaba mucho mundo por recorrer. No hicieron grandes cosas juntos, pero compartieron buenos momentos charlando al calor de un café, mostrándose sus sueños, ilusiones, lecturas, viajes por hacer... Fue una relación de amistad enriquecida por la gran conexión que existía entre ellos.

      Unas veces relajada y otras alerta, aquella conexión se fue afianzando y haciendo intocable, indestructible y revoltosa. Así pasó mucho tiempo, ellos no se daban cuenta, pensaban que aquello era y sería una amistad de por vida. Pero el azar, que a veces deja de ser fortuito y se torna caprichoso, comenzó a hacer una fisura en aquella conexión. No fue una fisura cualquiera, fue de esas que se van extendiendo e hizo que cada uno comenzase a distanciarse. ¿Las razones? Nunca fueron claras, quizá hubo alguna confusión, conexiones periféricas... En definitiva, cada uno cogió sus respectivas riendas y caminó por su lado de la vida.

      Un día, cuarenta años después, se cruzaron por la calle. Ninguno de los dos reconoció al que tenía enfrente y nada les impidió seguir caminando. Pero según avanzaban por la acera, notaban que algo dentro les había rozado. Siguieron caminando serenamente, cada uno por su lado, no necesitaban nada más, tan sólo saber que seguían conectados.

3 comentarios:

  1. Precioso. Muy íntimo y personal.
    Bsos

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  2. "según avanzaban por la acera, notaban que algo dentro les había rozado" qué bonita esa frase... y qué real!! ;)

    pd. Me tienes que contar como haces para poner la firma de Sara como una imagen!!

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  3. Te diré mi secreto tocaya, a cambio de que no me la plagies jajajajaja, es en una página de firmas, la buscaré, porque si te soy sincera la encontré por casualidad, y mi firma te enlazaba a la página, pero le cambié la url por la mía... en cuanto la localice te la envío en un MP. ;)

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