8 de mayo de 2010

Roma, París, Nueva York...



   Roma, París, Nueva York; decía la portada de un catálogo de viajes que algún despistado se había dejado olvidado en el asiento del metro. Lo cogió y se sentó en su lugar. No sabía qué hacer con él así que decidió echarle una ojeada. A esa hora de la mañana el metro no estaba demasiado lleno. La ocupante del asiento de su derecha, dormía plácidamente. Siempre le ha sorprendido observar a la gente que se queda dormida y tiene la capacidad de despertarse justo en su parada. El ocupante de su izquierda devoraba un libro sin levantar los ojos de sus páginas. Él ojeaba el catálogo de viajes, absorto en sus pensamientos. Llevaba un año apático. Se había divorciado hacía ya ocho meses y llevaba todo este tiempo viviendo con sus padres. La casa que adquirió con su ex mujer se había vendido hacía un par de meses, al no tener hijos todo el proceso fue mucho más fácil. Con el dinero que le había correspondido de la venta, estudiaba la posibilidad de comprar de nuevo una vivienda o bien alquilarse un estudio en el centro, cerca de su trabajo. Mirando el catálogo, observó que tenía marcados, con un rotulador rojo, tres destinos, alojamiento incluido. La semana del 1 al 7 Roma, del 8 al 12 París, y del 13 al 21 Nueva York. Supuso que la variación en los días sería cuestión del enlace entre vuelos. Se tomó aquellas notas como una señal del destino para darle un golpe de aire fresco a su rutinaria vida. Era una idea excelente, se encontraba sin planes para ese verano, con dinero de sobra y nada que perder.



   Aquél viaje le recargó las pilas, y ala vuelta se sentía distinto. Realmente no hizo otra cosa que encontrarse consigo mismo. Disfrutó de la ciudad de Roma, con su historia y restos arqueológicos. En París, la ciudad del amor, sintió el anhelo de una compañía, pues el hotel estaba abarrotado de parejas; con más de una tuvo que hacer de improvisado fotógrafo, usando como fondo la torre Eiffel, lugar emblemático de la ciudad. Nueva York fue una locura, no paró en el hotel, incluso se hizo amigo de un grupo de gente que viajaban desde España. Y ahora, se encontraba de nuevo en el metro, sintiendo que su cuerpo era el mismo, pero por dentro era otro.

   Observó a una mujer joven, sentada delante de él, que no paraba de mirarle y sonreír. En la siguiente parada la mujer se sentó a su lado y sacó de su bolso una cámara. Visionó en la pantalla unas cuantas fotos y, cuando llegó a la que quería, se la mostró.

   ―Perdona que te moleste, ¿te suena de algo esta foto? ―le preguntó en tono divertido.
   ―Me suena a que hace unas cuantas semanas he estado allí. ―La foto mostraba a una pareja y a lo lejos la Torre Eiffel. Se sintió algo desconcertado con aquella joven.
   ―No sólo eso, esta foto la hiciste tú ―le contestó la chica con una enorme sonrisa.
   ―Me dejas de piedra. Soy muy despistado con las caras, pero la verdad es que ahora que lo dices, sí que creo recordarlo. Tu pareja me pidió que os hiciera la foto y tú no querías, desconfiabas, como si pensaras que fuese a salir corriendo con la cámara.
   ―Ahora lo he entendido todo ―le respondió ella, muy resuelta y riendo―. Te vi pasear solitario por Roma y me llamó la atención. Cada vez que nos cruzábamos ibas sólo. Supuse que estarías en viaje de negocios, ya que Roma es un destino al que la gente suele ir en grupo o en pareja. Tu cara me resultaba familiar y no entendía por qué. En París, cuando mi pareja te pidió que nos sacases una foto, me quedé petrificada, veo que lo notaste; no entendía cómo podía ser posible que te encontrases allí, al mismo tiempo que nosotros de nuevo. Creí verte fugazmente en el hotel de Nueva York, y me entró un ataque de pánico, pensé que eras un loco que nos estaba siguiendo. Pero entre que fue una visión fugaz y que ibas con un grupo de gente, dejé mis temores aparcados. Cuando hoy te he visto aquí sentado lo he recordado todo. Tú fuiste el que se sentó a mi lado y me robó la revista de viajes.
   ―Pues sí que tienes buena memoria, pensé que la había dejado alguien olvidada... y vi esas anotaciones tan interesantes que no pude resistirme al plan que me habías marcado ―informó, un poco sonrojado.
   ―Cuando desperté, te vi tan centrado en su lectura que no me atreví a pedírtela; ya había reservado el viaje y no había razón para conservarla.
   ―Qué curioso es todo esto que me cuentas, no sé lo que ese viaje fue para ti, para mí ha significado mucho y, sabiéndote ahora culpable, te doy un millón de gracias. Siento haberte asustado.
   ―Para mí también, aunque no logró cumplir el que se esperaba que sería su cometido. Era un viaje a la desesperada para intentar recomponer los pedazos, por la crisis que atravesaba mi relación. Y, finalmente, sirvió para todo lo contrario.
   ―¿Y estás bien?
   ―Lo voy superando
  ―Bueno ―contestó él―, siempre nos quedará Roma, París, Nueva York... ―Y rieron al unísono, recordando la mítica frase de la película.



(Inspirado en mi frase: "Roma, París, Nueva York" para El cuentacuentos)

6 comentarios:

  1. Vaya casualidad!! ;) Ahora tendré que fijarme más en la gente que me hace fotos en los viajes!

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  2. Un relato muy acogedor. Aunque el hecho de que haya casualidades es por pura casualidad.
    Bsos

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  3. ¡Soy de la misma opinión!

    Saludines

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  4. Sara, todo un cruce del caos en la vida de dos personas verdad?
    Me encanta como has hilado un ciclo. A veces en la vida tiras del hilo y resulta que un montón de casualidades te llevaron al punto que estás ahora
    Genial compañera!

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  5. Un relato con diferentes escenarios, personajes con historias diferentes y un nexo en común o dos, el Metro y el aprovechar ese instante que se les presentó, él viajar y ella preguntarle.

    La eterna duda de si que fue primero el destino o la casualidad :)

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  6. Me ha gustado la historia, me gustan las casualidades, y me gusta la historia que puede comenzar entre estos dos :)

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