27 de mayo de 2010

Un sobre, un reto...

Vengo con algo diferente. Dentro de un sobre de la travesía literaria, me he encontrado con estas diez palabras:  Nuevo, Ausencia, Ojos, Condenado, Tarde, Parte, Grande, Palabra, Nadie, Fuerte.  
Y con ellas tengo que escribir el microrrelato más corto, que sea capaz de construir, insertando las diez palabras sin que falte ni una. ¡¡Me encantan los retos!!

Resultados: 





Eternidad

Los ojos del condenado guardaban parte de ausencia, por la palabra que no pronunció nadie. Esa tarde, un nuevo destino le haría fuerte y grande; Eternidad.  



Injusticia

Tu palabra de nuevo, condenado, es fuerte  y grande; forma parte de los ojos que luchan contra la ausencia de justicia ¡Que nadie reaccione tarde!



En sus ojos

Tarde parte, condenado, palabra grande. Nadie nuevo, fuerte ausencia... ojos tristes.


Ya no es nadie


Ojos, ausencia grande.
Palabra fuerte, condenado.
Tarde parte, nuevo nadie.




Reto conseguido: "Eternidad" (26 palabras), "Injusticia" (25 pabras) y "En sus ojos" (11 palabras) " Ya no es nadie" (10 palabras).
Así que con esto y un bizcocho... 

23 de mayo de 2010

El examen...

"La frase para empezar la historia de esta semana de El cuentacuentos, no sé para los demás cuentacuentos, pero a mí me ha resultado la más difícil de las que llevo escritas hasta ahora, y eso que la de Fantasmín ya me pareció complicada... pero no me apetecía darme por vencida, así que ahí dejo algo que se me ha ocurrido esta mañana"


      Decidí dejarle terminar aquel tema. Lo dominaba a la perfección y se notaba que su explicación era fruto de muchas horas de estudio y duermevela.

      Su dicción era rítmica y cadenciosa. Mostraba templanza en cada palabra que pronunciaba y seguridad en lo que exponía. Más que exponerlo, parecía que lo rezaba.

      Debía contar con más de treinta y cinco años de edad, seguramente se habría presentado ante este tribunal, para esta prueba oral, infinidad de veces y cada vez que lo hacía pensaba que esa vez sí que sería la definitiva. Quizás ya estuviese al límite de sus fuerzas y su paciencia le pedía tirar la toalla para buscar un empleo como todos sus conocidos, fuera de la seguridad laboral que este le reportaría. Tantos años perdidos, encerrado frente a una mesa de estudio viendo la vida pasar y perdiéndose tantos momentos de disfrutar con los amigos; se preguntaría si había merecido la pena tanto esfuerzo, para terminar sentado detrás de una mesa sellando papeles y rellenando formularios.

      Cuando terminó de exponer el tema en cuestión y se quedó mirándome complaciente, esperando mi consentimiento para abandonar la sala y así poder respirar liberado tras la puerta, en el pasillo, con la ilusión de volver la semana siguiente a mirar las listas de aprobados en el tablón de anuncios y celebrar al fin su triunfo; no pude reprimir decirle unas palabras.

      ―El tema que me has presentado lo dominas a la perfección, lástima que no fuera ese el que se te había pedido que expusieras. Será la próxima vez...


(Inspirado en la frase de Aarón: "Decidí dejarle terminar aquel tema" para El cuentacuentos)

19 de mayo de 2010

Bajo la lluvia

                                rain

      Sintió unos pasos acompasados a su espalda, sabía lo que aquello podía significar y le embriagó una sensación que, mezclada con aquella tarde de lluvia, el olor de las flores de los jazmines que enredaban las paredes de la casa y la triste danza de las ramas de los sauces; le haría transformar su desconsuelo en anhelo, el anhelo en deseo y el deseo en delirio, que le dejaría sumido en una sombría pérdida de la realidad.

      La muerte se la llevó temprano, un grisáceo día de lluvia. Inmerso en un desvarío de su desdicha, pensó que un inesperado día de tormenta de la misma forma se la devolvería.

      Él la espera confiado, aunque siente miedo de girarse y no ver lo que lleva tantos años esperando, tantas tardes de lluvia viendo desvanecer su ensueño diluido en un instante. Llegando a perder la razón, la juventud y la cordura; a la vez que mantiene la esperanza y el rumbo desorientado de su corazón.

      Sintió unos pasos acompasados a su espalda, sabía lo que aquello podía significar y le embriagó una sensación de miedo, quería salir corriendo y no descubrir de nuevo el fracaso de su encuentro.

      Una mano se apoyó en su hombro y le apretó con cariño, llevándoselo una vez más al cobijo de su hogar, abatido y sin oponer resistencia alguna, se dejó guiar hasta el interior de la casa. Atrás dejó de nuevo la lluvia, el olor húmedo de los jazmines, los sauces que lloran su danza... atrás quedó su realidad.

17 de mayo de 2010

Encadenado


      La torre estaba oscura y los grilletes demasiado flojos. El olor rancio de la humedad estancada en la celda y la putrefacción de sus residuos corporales, proporcionaban a su deseo de escapar una relevancia no mayor que la del anhelo de encontrar con vida a su hermana.

      No recordaba cuándo fue la última vez que había visto la luz, ni el tiempo que llevaba enclaustrado en esas cuatro herrumbrosas paredes, sin más compañía que las ratas que se hacinaban, cuando el carcelero cerraba la puerta, para compartir su ración diaria que consistía en un plato de papilla viscosa e incomestible y un pedazo minúsculo de pan duro y mohoso. Cohabitaban el resto del día junto a él, deambulando por la celda y acompañando su soledad.

      Su cuerpo estaba unido a la pared del fondo mediante una gruesa cadena, cuya terminación amarraba sus tobillos con unos grilletes. Lo único que alimentaba su exigua existencia era saberse vengador de la muerte de sus padres, no le importaba estar pagando por ello. Nunca olvidaría la cara de su hermana gritando mientras se la llevaban. Él consiguió escapar y aún no se había perdonado por la cobardía de su supervivencia, contaba por entonces con tan sólo trece años. Juró vengar sus muertes y encontrar a Irene. Lo último que supo de ella es que fue vendida a un comerciante de un país de oriente, de esto hacía ya muchos años. Su carcelero era el hijo del verdugo de sus padres, le confinó en esa torre abandonada para darle una muerte lenta y lacerante.

      Deslizó las argollas de los grilletes bajo sus talones, no era que estuviesen flojos, si no que la inanición ya había hecho mella en su cuerpo. Cuando se sintió ligero, esperó pacientemente su ración del día, detrás de la puerta que durante tanto  tiempo había tenido enfrente, testigo de sus miserias. Cuando su carcelero entró, depositando el plato y el mendrugo de pan en el suelo; antes de que a sus ojos les diese tiempo a acostumbrarse a la oscuridad de la celda, escuchó el cerrojazo de la puerta a su espalda y observó a un grupo de pequeñas alimañas, dando cuenta del manjar que acababa de dejarle al reo.

      El prisionero, ajeno a todo y centrado en bajar el centenar de escaleras que separaban su encierro de su destino, se tambaleaba de un lado a otro como si los escalones flotasen en el aire o estuviesen en la cubierta de un barco azotado por la marea. Nadando en el éxtasis que le producía la adrenalina, consiguió reunir las fuerzas necesarias para alcanzar la salida. Una vez fuera de aquella fortificación, una cegadora luz del día deslumbraba sus ojos que se habían vuelto nocturnos y respirando el aire seco de la libertad, no tuvo miedo de la suerte que le tocase correr a partir de ese momento, sabía cuál era el único camino que le devolvería la paz.

      (Inspirado en la frase de Fantasmín: "La torre estaba oscura y los grilletes demasiado flojos" para El cuentacuentos)

12 de mayo de 2010

Danza de la noche



No me gusta dormir sola en mi cama.
Mi habitación me da miedo cuando llega la noche.
Mientras mamá está conmigo, leyendo un cuento y dándome un beso de buenas noches; mi cabeza está tranquila, me siento reconfortada y feliz. 
Pero cuando se marcha y apaga las luces, aunque veo reflejada en el pasillo la luz del salón, donde están ellos; empieza mi desasosiego.
Las sombras de mis juguetes se transforman en espectros bailando una lúgubre danza en la oscuridad.
Los crujidos de la madera, ampliados por el silencio, me hacen sentir que las sombras en medio de la penumbra han cesado su ritual reparando en mi presencia asustada.
Entonces me levanto y me acerco hasta la puerta del salón donde mis padres, ignorantes de mi estado de miedo, miran la televisión tumbados relajadamente, pensando que yo descanso en un dulce sueño.
Les miro fijamente desde el marco de la puerta con la esperanza de que se apiaden de mi mirada y me hagan un hueco en su refugio, libre de sombras y de espectros de la noche.

8 de mayo de 2010

Roma, París, Nueva York...



   Roma, París, Nueva York; decía la portada de un catálogo de viajes que algún despistado se había dejado olvidado en el asiento del metro. Lo cogió y se sentó en su lugar. No sabía qué hacer con él así que decidió echarle una ojeada. A esa hora de la mañana el metro no estaba demasiado lleno. La ocupante del asiento de su derecha, dormía plácidamente. Siempre le ha sorprendido observar a la gente que se queda dormida y tiene la capacidad de despertarse justo en su parada. El ocupante de su izquierda devoraba un libro sin levantar los ojos de sus páginas. Él ojeaba el catálogo de viajes, absorto en sus pensamientos. Llevaba un año apático. Se había divorciado hacía ya ocho meses y llevaba todo este tiempo viviendo con sus padres. La casa que adquirió con su ex mujer se había vendido hacía un par de meses, al no tener hijos todo el proceso fue mucho más fácil. Con el dinero que le había correspondido de la venta, estudiaba la posibilidad de comprar de nuevo una vivienda o bien alquilarse un estudio en el centro, cerca de su trabajo. Mirando el catálogo, observó que tenía marcados, con un rotulador rojo, tres destinos, alojamiento incluido. La semana del 1 al 7 Roma, del 8 al 12 París, y del 13 al 21 Nueva York. Supuso que la variación en los días sería cuestión del enlace entre vuelos. Se tomó aquellas notas como una señal del destino para darle un golpe de aire fresco a su rutinaria vida. Era una idea excelente, se encontraba sin planes para ese verano, con dinero de sobra y nada que perder.



   Aquél viaje le recargó las pilas, y ala vuelta se sentía distinto. Realmente no hizo otra cosa que encontrarse consigo mismo. Disfrutó de la ciudad de Roma, con su historia y restos arqueológicos. En París, la ciudad del amor, sintió el anhelo de una compañía, pues el hotel estaba abarrotado de parejas; con más de una tuvo que hacer de improvisado fotógrafo, usando como fondo la torre Eiffel, lugar emblemático de la ciudad. Nueva York fue una locura, no paró en el hotel, incluso se hizo amigo de un grupo de gente que viajaban desde España. Y ahora, se encontraba de nuevo en el metro, sintiendo que su cuerpo era el mismo, pero por dentro era otro.

   Observó a una mujer joven, sentada delante de él, que no paraba de mirarle y sonreír. En la siguiente parada la mujer se sentó a su lado y sacó de su bolso una cámara. Visionó en la pantalla unas cuantas fotos y, cuando llegó a la que quería, se la mostró.

   ―Perdona que te moleste, ¿te suena de algo esta foto? ―le preguntó en tono divertido.
   ―Me suena a que hace unas cuantas semanas he estado allí. ―La foto mostraba a una pareja y a lo lejos la Torre Eiffel. Se sintió algo desconcertado con aquella joven.
   ―No sólo eso, esta foto la hiciste tú ―le contestó la chica con una enorme sonrisa.
   ―Me dejas de piedra. Soy muy despistado con las caras, pero la verdad es que ahora que lo dices, sí que creo recordarlo. Tu pareja me pidió que os hiciera la foto y tú no querías, desconfiabas, como si pensaras que fuese a salir corriendo con la cámara.
   ―Ahora lo he entendido todo ―le respondió ella, muy resuelta y riendo―. Te vi pasear solitario por Roma y me llamó la atención. Cada vez que nos cruzábamos ibas sólo. Supuse que estarías en viaje de negocios, ya que Roma es un destino al que la gente suele ir en grupo o en pareja. Tu cara me resultaba familiar y no entendía por qué. En París, cuando mi pareja te pidió que nos sacases una foto, me quedé petrificada, veo que lo notaste; no entendía cómo podía ser posible que te encontrases allí, al mismo tiempo que nosotros de nuevo. Creí verte fugazmente en el hotel de Nueva York, y me entró un ataque de pánico, pensé que eras un loco que nos estaba siguiendo. Pero entre que fue una visión fugaz y que ibas con un grupo de gente, dejé mis temores aparcados. Cuando hoy te he visto aquí sentado lo he recordado todo. Tú fuiste el que se sentó a mi lado y me robó la revista de viajes.
   ―Pues sí que tienes buena memoria, pensé que la había dejado alguien olvidada... y vi esas anotaciones tan interesantes que no pude resistirme al plan que me habías marcado ―informó, un poco sonrojado.
   ―Cuando desperté, te vi tan centrado en su lectura que no me atreví a pedírtela; ya había reservado el viaje y no había razón para conservarla.
   ―Qué curioso es todo esto que me cuentas, no sé lo que ese viaje fue para ti, para mí ha significado mucho y, sabiéndote ahora culpable, te doy un millón de gracias. Siento haberte asustado.
   ―Para mí también, aunque no logró cumplir el que se esperaba que sería su cometido. Era un viaje a la desesperada para intentar recomponer los pedazos, por la crisis que atravesaba mi relación. Y, finalmente, sirvió para todo lo contrario.
   ―¿Y estás bien?
   ―Lo voy superando
  ―Bueno ―contestó él―, siempre nos quedará Roma, París, Nueva York... ―Y rieron al unísono, recordando la mítica frase de la película.



(Inspirado en mi frase: "Roma, París, Nueva York" para El cuentacuentos)

3 de mayo de 2010

“Cazadores de mentes”





      ―Vamos a jugar a algo. ―Le dijo a su hijo, mientras le colocaba el abrigo y la mochila.
      ―Yo no quiero jugar a nada, mamá ¿Tengo que hacerlo?
      ―Es algo muy sencillo, Álvaro. Vamos a jugar a que hoy es un día muy especial, empezamos una vida nueva, en una ciudad diferente, vas a ir al colegio por primera vez y harás amigos aquí.
      ―Pero mamá, a mí me gustaba nuestra casa, nuestra ciudad, no ir al colegio y sobre todo, jugar con mi hermano.
      ―Lo sé cariño y lo siento. Pero las cosas han cambiado y ahora toca adaptarse.
      ―¿Y qué pasa con papá y Carlos?¿Ellos no tienen que adaptarse?¿Por qué ellos se quedaron allí?
      ―Sí, ellos también tienen que adaptarse, pero a vivir sin nosotros. Es cierto que nosotros nos hemos llevado la peor parte.
       ―¿Volveremos a verlos?
       ―No lo sé hijo, no lo sé.
       ―Te odio mamá, has fastidiado mi vida y la de toda la familia.

      Elena vio marchar a su hijo, con lagrimas en los ojos. Sabía que era pronto para que comprendiese los motivos de aquella huida.

      Hubo un tiempo en el que fueron una familia unida. Los padres de unos gemelos preciosos, que disfrutaban de la vida pasando juntos la mayor parte del tiempo. Aquellos fueron días de felicidad plena, hasta que un buen día, sin previo aviso, llegaron los cambios. Una especie de científico se presentó en su casa para hablarles sobre sus hijos. Los niños contaban con dos años de edad. Por lo visto habían adquirido durante el periodo de gestación, un extraño poder que les permitía, cuando estaban a corta distancia entre ellos, controlar cualquier tipo de sistema electrónico. Los padres no daban crédito a lo que el extraño desconocido les estaba contando, pero aseguraba que lo habían descubierto a través de unos radares especiales. Cuando los gemelos estaban juntos, liberaban un tipo de energía que emitía una señal, así los habían descubierto ellos. El problema era que esta señal también era captada por los cazadores de mentes. El científico, cuya mente disponía de un poder similar al de los gemelos, trabajaba en una unidad especial del gobierno para detectar mentes relevantes, así eran denominados, antes de que lo hiciesen los cazadores de mentes. Los cazadores de mentes eran en realidad otro tipo de científicos freelance, que utilizaban a las mentes relevantes para realizar experimentos. Una vez que cazaban, se perdía la pista del objetivo para siempre.

      Les recomendó, que rodeasen la casa con una alambrada fabricada en estaño, ya que este metal aislaba de los radares rastreadores. También advirtió que los niños no saliesen de casa juntos, tenían que hacerlo siempre por separado, ya que su poder mental sólo era efectivo a corta distancia y de esta forma no liberaban ninguna señal.

      Les dijo que los niños no debían saber el poder que poseían hasta la edad adulta, pues de saberlo, podrían actuar por su cuenta y esto sería una catástrofe. Esto no debían consultarlo con nadie, era secreto de estado. El científico se mantendría en contacto riguroso con la familia para ayudarles en todo lo necesario.

      Decidieron que sus hijos no asistirían a la escuela, Elena se encargaría de enseñarles durante los primeros años, más adelante buscarían una nueva solución.

      Se deshicieron de cualquier tipo de aparato electrónico de su casa y todo transcurrió de una forma, más o menos, normal; hasta que un buen día se presentó en su casa una asistenta social, pidiendo a los padres la escolarización inmediata de los niños o de lo contrario, tendrían problemas con las autoridades competentes sobre su tutela.

      La única opción que encontraron, para mantener la vida de sus hijos a salvo, fue separarse y encontrar una nueva vida, cada uno con un niño por su cuenta. De esta forma, al no estar juntos, no alertarían a los rastreadores y firmando un convenio de separación de mutuo acuerdo, no tendrían ningún problema con las autoridades.

      ―Algún día, cuando todo pase o seas un hombre, jugaremos a un nuevo juego y volveremos a ser una familia ―le decía Elena a Álvaro en voz baja, pero él ya no la escuchaba, acababa de cruzar la puerta del colegio.

      Diez años más tarde, cuando los gemelos cumplían los quince años y seguían encontrándose a muchos kilómetros de distancia, recibieron un telegrama. Debían reunirse en un edificio con el científico que visitó su casa y con el que habían tenido un contacto permanente durante todos estos años. Ellos sentían que era su ángel de la guarda.

      Cuando llegaron al edificio, en cuya fachada ponía las siglas MR-PS, les hicieron pasar a una gran sala diáfana. Allí se encontraron con un montón de familias en las mismas circunstancias. Estaban entusiasmados mirando de un lado a otro, no se lo habían confirmado, pero intuían que se iban a encontrar con ellos. Sólo tardaron un minuto en cruzar sus miradas y ya se les había hecho eterno. Se fundieron los cuatro en un abrazo inménso, mojado de lágrimas. A pesar de que Elena había visto crecer a Álvaro, no podía creer lo que había crecido Carlos, y eso que seguían siendo como dos gotas de agua. Miró a su marido, le parecía un extraño, habían pasado diez años y esos años habían hecho mella en su rostro, había envejecido como si hubiesen pasado en realidad veinte. Se preguntó si ella habría cambiado tanto para él.

      Les comunicaron mediante una conferencia, que ya había pasado el peligro y podían volver todos juntos a sus casas. Habían descubierto una especie de medicación, que anulaba la energía de las mentes relevantes. Una sola pastilla y volverían a ser como cualquier ciudadano de la calle.

      A Elena y a Álvaro les correspondía de nuevo, romper con su otra vida, pero esta vez no les importaba, volvían a ser de nuevo una familia unida.

      La semana siguiente del encuentro, una agencia de investigación periodística, revelaba el fraude cometido por una empresa llamada MR-PS (Mentes Relevantes Proyecto Sociológico) sobre un estudio de investigación, hasta el momento, nunca realizado. Habían estudiado durante diez años, el comportamiento de diferentes unidades familiares ante un problema de fuerza mayor, sus decisiones desesperadas y consecuencias. También habían estudiado cómo evolucionaban los gemelos si eran separados de sus hermanos a una edad en la que la afinidad y los lazos afectivos; ya estaban marcados.

      Dos semanas más tarde a la noticia, seis familias ganaban un juicio contra la empresa MR-PS. Los imputados no pudieron ser condenados ya que el agravio que habían cometido, no estaba tipificado como delito en el código penal. La vía civil fue otro cantar, ya que tuvieron que indemnizar con una suma multimillonaria, a todas las familias afectadas, por daños y perjuicios.

      Unos meses después, la empresa MR-PS sufrió un atentado en sus instalaciones. No se encontraron pruebas para imputar a nadie y el caso del atentado quedó archivado.

(Inspirado en la frase de Mun: "Vamos a jugar a algo" para El cuentacuentos)