23 de abril de 2010

La chica del paraguas rojo



       La chica del paraguas rojo
no podía imaginarse lo que le esperaba a la vuelta de la esquina. De haberlo sabido se habría dado media vuelta y tomado otro camino hacia su casa. O se hubiera detenido a probarse ese precioso vestido azul que había visto en el escaparate de la tienda contigua a su trabajo. También podría haber tomado el café que con tanta insistencia Julio, el mensajero de la oficina, llevaba toda la semana intentando invitarla y que ella, con su natural y tímida sonrisa, tantas veces le había rechazado. O bien podría haber ido a recoger el libro que tenía encargado en la librería de la acera de enfrente y echar un vistazo sobre el mostrador de las novedades. Pero decidió seguir el habitual camino de regreso a casa. Estaba cansada, había sido una dura jornada de trabajo y una larga semana. Quería aprovechar, ya que había salido tan pronto, los vestigios de luz que a aquella tarde de otoño aún le quedaban, para pasear bajo la fina lluvia. Por fin era viernes, y el abrigo de su viejo sofá, del café recién hecho, de su pijama de franela y de su libro sobre la mesa; le aportaban a su retorno el mayor de los placeres para disfrutar de una bonita tarde de tormenta entre sus cuatro paredes. Ensimismada en el regocijo de su magnifico plan, la chica del paraguas rojo dio la vuelta a la esquina y allí, sin tener tiempo siquiera para cubrirse el rostro tras su paraguas, se encontró sin remedio con el final de su agradable propósito. Su jefe, agradecido con su casual y afortunado encuentro, organizó para ella otro plan alternativo y menos atractivo que su tarde de lluvia otoñal.

(Inspirado en la frase de Sara: "La chica del paraguas rojo" para El cuentacuentos)

4 comentarios:

  1. Planes al garete que diría aquel jejejejejej buen estreno ;)

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  2. Grancias Angelical, al final me he lanzado fuera de tiempo... pero le tenía ganas a esta frase.

    No sé si te acordarás, pero... es mi segunda chica del paraguas rojo... ¡¡que casualidad!! Aunque la otra se llamaba con los ojos cerrados.

    Bueno, ya somos compañeras de cuentacuentos ;)

    Besotes

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  3. Lo que yo llamo final con mala pata! lo que fastidia que los planes no salgan bien...

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  4. ¡Qué faena! Tener jefes para esto...

    Un abrazo.

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