21 de febrero de 2010

¿Esclavos del móvil?

      Algunas veces, intento imaginarme cómo era la vida antes de la era digital, cuando no había teléfonos móviles, y los sistemas operativos de los ordenadores, eran tan obsoletos, que para utilizarlos había que ser poco menos que un “hacker”...

      Hoy día, cuando quedamos con alguien, nos obsesionamos con la reducción de los tiempos de espera, salimos de casa, llamada: ¡que ya salgo para allá! Nos surge un retraso, llamada: ¡que hay atasco, me retraso un poco! Se cancela el plan, llamada: ¡Oye que no voy a poder ir, lo siento si ibas de camino!

      Antiguamente, en la misma situación, salias con la hora pegada al culo, y “no problem”. Si pillabas un atasco, no pasaba nada ¡que espere!. Y si tenías que dar plantón por fuerza mayor... pues ya lo aclararías cuando llegases a casa y pudieses llamar... Eramos como pájaros libres, salíamos de casa y nadie sabía cuanto íbamos a tardar, era una incógnita que nadie se planteaba.

      Y el o la que quisiera echar una canita al aire... lo tenía mucho más fácil, sólo tenía que encontrar una excusa para explicar, dónde había estado. Hoy en día necesitas tres: dónde has estado, por qué no has cogido el teléfono y por qué no me has devuelto la llamada... ¡¡manda cojones, que pereza!!

      Y otra pregunta que me hago es: ¿Cómo teníamos los huevos suficientes para viajar totalmente incomunicados? Ahora viajas, si es necesario con 3 baterías, y el cargador del coche para no quedarte tirado en la carretera a pelo, que eso es inconcebible hoy día.

      ¿Y meterte en un centro comercial y perder a tu acompañante? ¿Cómo se resolvía eso? Porque ahora, unas veces por despiste, otras por dejadez, me dejo el móvil en casa y salgo en plan suicida, a la aventura y lo que más suele preocuparme es despistarme del resto de la familia.

      La sensación, cuando salgo sin móvil, es que recupero el estado ese de libertad y de hacer lo que me sale de las narices, con la escusa de que me dejé el teléfono, no tengo que dar explicaciones (si me llaman) de dónde estoy (que vaya una pregunta indiscreta por otra parte y siempre la hacemos...) cuándo vuelvo o dónde voy. Pero esa sensación dura poco, porque en el fondo siento un cosquilleo algo incómodo y empiezo a pensar que lo mismo ha pasado algo malo y me están intentando localizar. Entonces, el momento ese de placer y libertad comienza a desvanecerse convirtiéndose en una sensación de intranquilidad, que se esfuma cuando llego a casa, miro el móvil y compruebo que no tengo ni llamadas perdidas ni mensajes ¡Que a gusto me quedo!

      No conozco personalmente a nadie que no tenga móvil, y si conociera a alguien así, seguramente le tendría envidia. Hubo un tiempo, hace muchos años, en el que me deshice de él, y fui libre... pero no duré mucho, era muy difícil nadar a contracorriente, todo el mundo me regañaba porque no podían localizarme a cualquier hora...

2 comentarios:

  1. Que no habia leido esta entreada:
    ¡¡yo no tengo móvil!!! te lo juro jajajajja (lo del juramento es porque sé que cuesta de creer)

    ResponderEliminar
  2. Jajajaja voy a empezar a pensar que eres un bicho raro, raro, raro :P jajajajaja

    ResponderEliminar